viernes, 5 de octubre de 2012

Michael Giacchino y los mejores temas musicales de PERDIDOS



     Advertencia: Recomiendo a todo aquel que desconozca la serie de televisión Perdidos que no lea el siguiente artículo a menos que no le importe conocer algunas características fundamentales de la trama y de sus personajes. Aunque los aspectos de la serie a los que me referiré representan una ínfima parte de los cientos de sorpresas que depara Perdidos, una serie como esta merece ser disfrutada con la menor cantidad de información previa que sea posible.

     Creada por J.J. Abrams, Damon Lindelof y Jeffrey Lieber, Perdidos (Lost) empezó a ser emitida en noviembre de 2004, finalizando en mayo de 2010 tras seis temporadas que la convirtieron en una de las series de televisión más populares de las últimas décadas. Estos seis años también fueron fundamentales para la trayectoria profesional del compositor de su banda sonora, Michael Giacchino: si poco después del inicio de la serie el músico lograba su primer gran éxito en el mundo del cine con Los increíbles (The incredibles, Brad Bird, 2004), en el momento de la emisión del último capítulo de Perdidos Giacchino acababa de obtener un Oscar por la partitura de Up (id, Pete Docter y Bob Peterson, 2009) y ya era unánimemente reconocido como uno de los mejores compositores de bandas sonoras en activo. La partitura de Perdidos se encuentra de este modo en una etapa crucial de la obra de este compositor, siendo además uno de sus trabajos más admirados. Y es que la extraordinaria música de Giacchino acabó convirtiéndose en una de las principales señas de identidad de esta serie protagonizada por los supervivientes del vuelo 815 de la compañía aérea Oceanic que, en el transcurso de un viaje de Sídney a Los Ángeles, se estrella en una isla en la que todo es posible.

     A lo largo de las seis temporadas de Perdidos, el compositor de Super 8 (id, J.J. Abrams, 2011) construyó un apasionante e inconfundible universo musical compuesto por decenas de leitmotivs dedicados a todos los personajes importantes de la trama, así como por magníficos temas de amor, acción y misterio que ayudaron a engrandecer una serie en mi opinión fascinante a pesar sus (pequeñas) imperfecciones. El resultado no solo es la obra más completa y memorable de su compositor, sino probablemente una de las bandas sonoras más impresionantes jamás compuestas para una serie televisiva. Es tal la riqueza de esta espléndida partitura que casi cualquier análisis que se le dedique tiene que resultar forzosamente superficial o incompleto; al respecto recomiendo la lectura del exhaustivo y excepcional estudio llevado a cabo por Óscar Giménez en la imprescindible web BsoSpirit. Mi pequeña aproximación a la banda sonora de Perdidos consistirá en cambio en una selección puramente subjetiva de sus diez mejores temas, secuenciados aproximadamente según el orden cronológico con el que aparecen en la serie o adquieren un papel relevante en la partitura.

El tema de la vida y la muerte

     De entre la multitud de temas compuestos por Giacchino para Perdidos, probablemente el más famoso de todos sea el tema de la vida y la muerte, una hermosa melodía de piano que aparece en algunos de los momentos más importantes de la historia. Su primera gran aparición se produce en la primera temporada, cuando uno de los personajes principales fallece al mismo tiempo que Claire (Emilie de Ravin) da a luz a su hijo Aaron. A partir de este momento el tema de la vida y la muerte suele aparecer con diferentes variaciones casi siempre que uno de los pasajeros del vuelo 815 muere, aunque la mejor versión de dicho tema aparece durante la extraordinaria secuencia que pone fin a la primera temporada. Si hasta ese momento de la serie hemos ido conociendo el pasado de sus protagonistas y los motivos que les llevaron a emprender el viaje de Sídney a Los Ángeles, en un último flashback por fin les vemos subir a bordo del avión que cambiará sus vidas para siempre. El excepcional talento de Giacchino para pasar de la emotividad al suspense en un abrir y cerrar de ojos queda reflejado hacia el final de la secuencia, cuando la acción regresa al presente y Jack (Matthew Fox) y Locke (un antológico Terry O’Quinn) asoman la mirada por una extraña escotilla que no desvelará sus misterios hasta la segunda temporada.


Los temas de Locke

     En mi opinión el mayor atractivo de Perdidos no reside en sus constantes giros argumentales ni en su interminable sucesión de misterios, sino en su extensa y fascinante galería de personajes. En este sentido resultan fundamentales los innumerables flashbacks que, sobre todo durante las tres primeras temporadas de la serie, muestran cómo eran las extrañas vidas de los protagonistas antes de que el destino les uniera en la enigmática isla. Estos constantes saltos temporales no solo consiguen dotar de gran misterio a los personajes, sino que además les confiere infinidad de matices humanos, logrando que todos ellos sean difíciles de olvidar para el espectador. Uno de los personajes más memorables es sin duda John Locke, quien a diferencia de los demás supervivientes no ve su reclusión en la isla como una maldición sino como una segunda oportunidad. Y es que la vida de Locke adquiere un sentido en la isla que nunca tuvo fuera de ella, tal y como se encargan de demostrar sus dolorosos recuerdos.

     Coherentemente con la idea de que la vida de Locke a partir de su llegada a la isla no tiene nada que ver con la de antes, Michael Giacchino le dedica no uno sino varios temas propios. El primero de ellos está relacionado con sus peligrosas aventuras en la isla, remarcando gracias a una poderosa percusión el valor y la valentía que convertirán a este personaje en una figura esencial para la supervivencia del grupo. La primera aparición de este tema se produce cuando Locke se da a conocer al resto de supervivientes demostrando un insospechado conocimiento del mundo de la caza y una inesperada habilidad con los cuchillos.


     Otro gran tema musical dedicado a Locke está en cambio relacionado con su pasado, acompañando los momentos más trágicos de su tortuosa existencia. La primera aparición de este leitmotiv se produce durante el famoso flashback que revela que antes de sufrir el accidente aéreo Locke sufría una parálisis que le impedía caminar… y que inexplicablemente recobró la sensibilidad de sus piernas en cuanto llegó a la isla.


El tema de Hugo

     Otro memorable personaje de Perdidos es Hugo Reyes, Hurley para los amigos, encarnado con gran simpatía por Jorge Garcia. Al igual que el resto de protagonistas, el entrañable Hugo demostrará esconder más de un secreto acerca de su pasado, especialmente en lo referente a una insólita maldición que parece perseguirle desde que usó ciertos números para ganar un importante premio de lotería. El principal tema musical asociado a Hugo es bastante sencillo pero tremendamente efectivo, y consiste básicamente en la repetición de unas pocas notas que, según la situación en la que aparecen, adquieren un tono distendido o por el contrario inquietante. Un buen ejemplo aparece durante el brillante flashback en el que Hugo visita a una mujer que le proporciona sorprendentes datos acerca de los intrigantes números, momento en el que la música adquiere un carácter misterioso y enfermizo.


El tema de la partida

     Otro de los grandes méritos de Perdidos es su talento para construir varias tramas paralelas que siempre acaban hallando su momento de máxima intensidad en los capítulos finales de cada temporada. Un gran ejemplo se encuentra hacia el final de la primera en uno de los momentos más recordados de la serie y de la obra de Giacchino: la partida de una expedición compuesta por Sawyer (Josh Holloway), Jin (Daniel Dae Kim), Michael (Harold Perrineau) y su hijo Walt (Malcolm David Kelley) en una balsa que ellos mismos han construido y con la que pretenden adentrarse en el mar en busca de ayuda. La belleza de la secuencia, con una primera parte en la que los cuatro personajes se despiden de sus amigos y una segunda en la que la nave inicia su viaje, está sublimada por la excepcional banda sonora, cuya fuerza crece gradualmente a medida que se acerca el momento de la partida. Se trata con toda probabilidad de uno de los mejores temas jamás compuestos por Michael Giacchino.


El tema de Juliet

     Si durante las dos primeras temporadas de la serie apenas se aporta información sobre los Otros, los enigmáticos habitantes de la isla que residen en ella desde hace décadas y que acosan constantemente a los protagonistas, durante la tercera temporada por fin se develan numerosas incógnitas sobre tan misterioso grupo. Sin embargo una de las mayores sorpresas la depara Juliet (una maravillosa Elizabeth Mitchell), quien a pesar de formar parte de los Otros permanece en la isla en contra de su voluntad y pronto demostrará tener tantas ganas de regresar a casa como los supervivientes del vuelo de Oceanic. El espléndido tema de Juliet aparece por primera vez en la secuencia en la que los Otros, con Jack como prisionero, se trasladan en barco a la isla principal desde la cercana isla Hydra; dicha secuencia relaciona a varias parejas de la serie, entre ellas la formada en ese momento por Sawyer y Kate (Evangeline Lilly), con los sugerentes cruces de miradas que intercambian Jack y Juliet, anunciando de este modo la importancia que la atractiva mujer tendrá en la evolución del triángulo amoroso formado por esos personajes.


El tema de Ben

     También en relación con los Otros aparece Ben Linus (un excelente Michael Emerson), uno de los personajes más interesantes y complejos de Perdidos. Tan despiadado como sensible, tan manipulador como valiente a la hora de proteger una isla por la que está dispuesto a darlo todo, Ben adquirirá poco a poco una riqueza de matices que trastocará su siniestra caracterización inicial. No es de extrañar en este sentido que la música que le dedica Giacchino refleje los claroscuros de su personalidad, describiendo tanto lo inquietante de sus métodos como lo nostálgico de su carácter. El tema de Ben aparece en incontables ocasiones, pero sin duda una de las más destacadas es la que ilustra el flashback que nos descubre la participación de este personaje en el conflicto que enfrentó a los Otros con los miembros de la Iniciativa Dharma, la misteriosa compañía que en el pasado realizaba extraños experimentos científicos en la isla. El paseo de Ben por el campamento Dharma, completamente desolado tras la muerte de todos sus habitantes, está acompañado por una hermosa y melancólica variación de su leitmotiv, que combina el piano con la sección de cuerda, en el que en mi opinión es uno de los mejores pasajes musicales de toda la serie.


El tema de amor de Desmond y Penny

     Además del triángulo amoroso formado por Jack, Kate y Sawyer, a lo largo de la serie se van consolidando diferentes historias de amor como las protagonizadas por Jin y Sun (Yunjin Kim), Charlie (Dominic Monaghan) y Claire o Sayid (Naveen Andrews) y Nadia (Andrea Gabriel). Sin embargo ninguna de ellas resulta tan conmovedora como la que describe la relación a distancia entre Desmond (un genial Henry Ian Cusick), un desesperado náufrago que lleva viviendo en la isla desde mucho antes de que llegaran a ella los supervivientes del vuelo 815, y Penny (Sonya Walger), la gran mujer de su vida a la que no ve desde hace años pero cuyo recuerdo le ayuda a seguir con vida. Giacchino dedica a estos dos personajes un extraordinario tema de amor cuyo romanticismo se desata en una de las secuencias más emocionantes de la serie, aquella en la que Desmond consigue hablar con Penny por primera vez en mucho tiempo gracias a una corta pero intensa llamada telefónica.


El tema de los seis de Oceanic

     Si durante las tres primeras temporadas de la serie las aventuras en la isla están enriquecidas por los recuerdos de cada uno de los protagonistas que aparecen visualizados en forma de flashbacks, en la cuarta temporada dicha pauta se rompe de manera inesperada. En una opción narrativa tan sorprendente como arriesgada, la acción empieza a saltar intermitentemente hacia adelante a través de numerosos flash-forwards que nos descubren, entre otras cosas, que varios de los personajes principales conseguirán regresar a sus hogares en un futuro próximo, si bien ello no significa que su relación con la isla vaya a terminar. Michael Giacchino despliega durante estos flash-forwards uno de los mejores temas de Perdidos, un emocionante leitmotiv dedicado a esos seis supervivientes del vuelo 815 de Oceanic que consiguen regresar a casa. Con una soberbia combinación de romanticismo y tristeza, en correspondencia con el desamparo de unos personajes que ya se sienten extraños en cualquier parte, esta melodía reaparecerá con frecuencia en las temporadas finales de la serie funcionando no solo como acompañamiento de esos seis personajes sino del grupo entero de supervivientes, convirtiéndose de este modo en uno de los temas más importantes de la partitura.


El tema de la llegada a Los Ángeles

     ¿Qué les habría sucedido a los protagonistas de Perdidos si el vuelo en el que viajaban no se hubiera estrellado en la isla? En cierto modo dicha pregunta halla su respuesta en la sexta y última temporada de la serie, durante la cual aparecen numerosas fugas narrativas en las que se especula sobre cómo habrían podido ser las vidas de los pasajeros del vuelo de Oceanic si éste hubiera conseguido llegar a Los Ángeles con completa normalidad. Si bien el sentido real de estas secuencias no queda del todo claro hasta el último episodio de Perdidos, lo cierto es que tan curiosa pauta narrativa funciona como un acertado contrapunto a la conclusión de las aventuras en la isla, aportando además secuencias de gran emoción. Una de ellas es sin duda la del esperado aterrizaje del vuelo 815 en el Aeropuerto Internacional de Los Ángeles, secuencia embellecida por una melancólica melodía iniciada con el piano y a la que lentamente se le añade la sección de cuerda hasta lograr un crescendo de notable emotividad.


El tema final

     Jamás compartiré el rechazo que un gran número de seguidores de Perdidos sienten hacia la conmovedora secuencia con la que finaliza esta serie inolvidable. La conclusión de Perdidos me parece sencillamente maravillosa, y por varios motivos: primero, por finalizar la serie con una nueva e inesperada vuelta de tuerca, obligando al espectador a replantearse gran parte de lo visto durante los últimos capítulos; segundo, por lograr una secuencia de gran intensidad emocional que quedará grabada en la memoria de todo aquel que haya llegado a sentir un gran cariño hacia los personajes de la serie; tercero, por el magnífico modo con el que consigue cerrar la historia enlazando con el inicio de la serie y, al mismo tiempo, expandiendo sus horizontes narrativos; y cuarto, por el memorable acompañamiento musical de Michael Giacchino, quien da lo mejor de sí mismo en el tema final de su fascinante banda sonora. Este tema, de casi ocho minutos de duración, tiene una primera parte centrada en el personaje de Jack, con una versión lenta e intimista de su leitmotiv, y una segunda en la que aparecen los demás protagonistas de la serie, momento en el que la emoción se desata con una portentosa combinación de varios temas referidos al grupo colectivo de personajes, entre ellos el de los seis de Oceanic y el de la vida y la muerte. Un broche de oro magistral para una monumental partitura destinada a marcar un antes y un después en las bandas sonoras compuestas para la televisión.


miércoles, 22 de agosto de 2012

El señor de la noche según Christopher Nolan. Tercera parte: EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE


     A la hora de afrontar la tercera y última parte de su saga dedicada al hombre murciélago, Christopher Nolan ha asumido la difícil tarea de crear una película que cierre los arcos argumentales abiertos en Batman begins (id, 2005) y El caballero oscuro (The dark knight, 2008) sin que ello suponga eliminar la posibilidad de que otro realizador pueda continuar con la crónica de la lucha contra el crimen en la ciudad de Gotham. Es por ello que El caballero oscuro: La leyenda renace (The dark knight rises, 2012) se esfuerza por conectar su trama con la de los dos títulos que la preceden, a fin de dotar a la trilogía de una cierta unidad de conjunto, al tiempo que abre el camino a nuevas aventuras basadas en los personajes creados por Bob Kane. Pero lo que finalmente acaba destacando en El caballero oscuro: La leyenda renace es el modo con que pone fin al viaje vital iniciado por Bruce Wayne/Batman (un espléndido Christian Bale) en la primera entrega de la serie.

     Como ya hicieron las dos primeras entregas de la trilogía, El caballero oscuro: La leyenda renace recoge numerosos elementos procedentes de algunos de los mejores cómics protagonizados por Batman. En esta ocasión, y al igual que Frank Miller en su mítica novela gráfica El regreso del señor de la noche (1986), Christopher Nolan narra el regreso a la acción de un maduro Batman tras numerosos años de ausencia. Es por ello que toda la parte inicial de la película está marcada por un intenso aroma crepuscular, y no solo porque Bruce Wayne se encuentre prematuramente envejecido y con el cuerpo deteriorado por los efectos de su cruzada secreta contra el mal, sino por los cambios que se han producido en Gotham desde los hechos narrados en El caballero oscuro. Durante todo este tiempo Wayne se ha aislado del mundo exterior, recluyéndose en su lujosa mansión y generando rumores que le comparan con Howard Hughes; su colaborador Alfred (Michael Caine) ha seguido engañándole acerca de Rachel (interpretada por Katie Holmes en Batman begins y por Maggie Gyllenhaal en El caballero oscuro), haciéndole creer que ella le seguía amando en el momento de su muerte; el comisario James Gordon (Gary Oldman) ha convertido en leyenda la figura del desaparecido fiscal Harvey Dent (interpretado por Aaron Eckhart en El caballero oscuro), mintiendo sobre las condiciones de su muerte y utilizando su supuesto asesinato para endurecer el sistema penal, consiguiendo de este modo eliminar el crimen organizado de Gotham… Todo este mundo, aparentemente apacible pero fundamentado en la mentira, estallará en pedazos cuando el mal emerja de entre los cimientos de la ciudad.

     No es una casualidad que Bane (Tom Hardy), el peligroso malvado que obliga a Bruce Wayne a volver a enfundarse su traje de justiciero, esté fuertemente vinculado a su pasado. Perteneciente a La liga de las sombras, la misteriosa organización en la que Bruce estuvo a punto de ingresar antes de convertirse en Batman, y discípulo de Ra’s al Ghul (Liam Neeson), mentor y a la postre rival del protagonista durante los hechos narrados en Batman begins, Bane es un villano despiadado y cruel que se define a sí mismo como “el Apocalipsis de Gotham” y a quien el codicioso Dagget (Ben Mendelsohn) califica como “el demonio en persona”. Con la mayor parte del rostro cubierto por una siniestra máscara que alivia su dolor crónico, Bane prepara la destrucción de Gotham desde su sede de operaciones en las alcantarillas, decorado que no solo permite analogías con la Batcueva de Batman sino que además subraya la idea de un mal que durante mucho tiempo ha permanecido oculto bajo la superficie, esperando el momento oportuno para atacar a una civilización corrupta hasta sus raíces. Pero si algo caracteriza a Bane es su falta de compasión: no solo es capaz de asesinar con una inquietante facilidad (en ocasiones simplemente posando una mano sobre sus víctimas), sino que disfruta ocasionando falsas esperanzas a los habitantes de una urbe que ya ha sido condenada. Es por ello que no duda en ocultar sus planes terroristas bajo la engañosa imagen de una revolución social similar a la francesa: momentos concretos de su plan incluyen la liberación de los presos de Gotham (una posible referencia a la toma de la Bastilla) o la celebración de juicios populares (comparables a los celebrados en París durante la época del Terror) en los que se sentencia a muerte a miembros de la clase alta de la ciudad, enmascarando de esta forma un proyecto de destrucción que en realidad pretende la aniquilación de miembros de todas las clases sociales.

     Aunque las acciones criminales de Bane suponen el catalizador que provoca la reaparición de Batman, éste afronta inicialmente su regreso a la acción como un proceso de autodestrucción. El doloroso recuerdo de la muerte de Rachel, que le ha convertido en un fantasma en vida incapaz de sobreponerse a la enésima pérdida de un ser querido, llevará a Bruce a enfundarse de nuevo el traje de murciélago como única forma posible de purgar sus pecados. Resulta especialmente significativa la secuencia en la que Bruce acude a un baile de disfraces siendo él el único asistente que no lleva máscara: tal y como le comenta irónicamente a la ladrona Selina Kyle, alias Catwoman (una excelente, y sensual, Anne Hathaway), en realidad su disfraz es el de un multimillonario superficial y misántropo que en el fondo oculta a un ser atormentado incapaz de comenzar una nueva vida. Con este sentimiento de eterna frustración no es de extrañar que las primeras incursiones nocturnas de Batman tras su época de inactividad sean tan erráticas: su reaparición durante el curso de una persecución policial no hará otra cosa que desviar la atención de las autoridades permitiendo la huida de Bane, mientras que su primer enfrentamiento con el villano se saldará con una brutal derrota y con su incapacitación temporal. Es por ello que Alfred le revelará a su amo que, momentos antes de su muerte, Rachel había decidido olvidarle para casarse con Harvey Dent; aunque Alfred sabe que sacar a la luz tan dolorosa verdad supondrá un antes y un después en su amistad con Bruce, también es consciente de que se trata del único modo posible de parar el viaje hacia la inmolación de su mejor amigo.

     Lo que acaba proponiendo El caballero oscuro: La leyenda renace es un descenso a los infiernos de Bruce Wayne y su posterior resurrección tras la aceptación de sus debilidades humanas. Confinado por Bane en una claustrofóbica prisión en algún remoto lugar de Asia, Wayne deberá superar un duro proceso de sufrimiento y redención solo tras el cual será capaz de regresar a su ciudad para salvarla. De hecho este proceso supondrá para el protagonista recorrer el camino inverso al que llevó a cabo durante los hechos narrados en Batman begins: si en el pasado Wayne tuvo que aprender a afrontar sus temores para poder convertirse en un justiciero capaz de aterrorizar a los delincuentes, en esta ocasión solo será capaz de escapar de su confinamiento tras admitir que tiene miedo a morir, paso ineludible para poder escalar el pozo que le conducirá a la libertad y que solo puede superar quien tenga en alta estima su propia existencia. No resulta casual que en el crucial momento en el que Wayne consigue salir al exterior tras meses de enclaustramiento aparezca ante él una bandada de murciélagos, símbolos de los miedos del protagonista que no aparecían en la trilogía desde que éste aprendió a dejar de temerlos en Batman begins.

     La parte final de la película narra el regreso triunfal del hombre murciélago a Gotham. Es en este momento cuando Wayne logra culminar su proyecto de convertir a Batman en un símbolo capaz de despertar el coraje de los desamparados habitantes de la ciudad. De hecho durante su ausencia el joven e idealista policía John Blake (un sensacional Joseph Gordon-Levitt) ya ha invocado la figura de Batman esbozando su figura con tiza en diferentes rincones de Gotham, otorgando al héroe un carácter legendario que éste alimentará al iluminar con fuego un gigantesco símbolo de murciélago que anuncia su regreso a la ciudad. Significativamente la catártica lucha final de Batman contra los hombres de Bane se producirá al amanecer, siendo esta la única ocasión en la que se dejará ver a plena luz del día, y luchando codo a codo con unos agentes del orden que meses antes trataban de detenerle. Sin embargo esa misma redención final del héroe, capaz de infundir valor incluso a un policía tan poco ejemplar como Foley (Matthew Modine), supondrá la toma de conciencia definitiva de Blake: su gesto al lanzar su placa de policía al mar, idéntico al de Clint Eastwood en la última secuencia de Harry el sucio (Dirty Harry, Don Siegel, 1971), anuncia su pérdida de fe en un sistema cuya ineficacia convierte en necesaria la existencia de un justiciero anónimo como Batman.

     Aunque quizá no alcance la brillantez del segundo capítulo de la saga, El caballero oscuro: La leyenda renace es una intensa película narrada con brío y elegancia por Christopher Nolan. En este sentido cabe destacar la fuerza de secuencias tan abrumadoras como la fuga de Bane de un avión en pleno vuelo -una nueva referencia de Nolan a las películas de James Bond, en este caso a Licencia para matar (Licence to kill, John Glen, 1989)-, la ya citada irrupción de Batman en una persecución automovilística o la espectacular carga final de cientos de policías contra los esbirros del villano. Pero si existe en esta película una escena digna de ser recordada esa es sin duda la del primer enfrentamiento entre Batman y Bane: dotada de una violencia absolutamente brutal, dicha secuencia pone de manifiesto la indefensión del hombre murciélago ante un enemigo que le supera a todos los niveles, idea potenciada gracias a la ausencia de música durante todo el combate, lo que dota de gran dramatismo a los escalofriantes gritos de dolor de Batman, y a un montaje más pausado que el de las restantes secuencias de acción, remarcando de este modo la lentitud de movimientos de un héroe que demuestra ser mucho menos invencible de lo que parecía en el pasado.

     El caballero oscuro: La leyenda renace culmina con un epílogo con el que Christopher Nolan pone punto final a su visión del hombre murciélago de un modo tan arriesgado como eficaz (atención: SPOILER). Tras la supuesta muerte tanto de Batman como de Bruce Wayne, el entrañable Alfred ve cumplir sus sueños al descubrir que su antiguo amo disfruta de una nueva vida en compañía de Selina, una mujer que como él buscaba dejar atrás un tenebroso pasado. Bruce Wayne ha conseguido por fin dejar atrás sus obsesiones tras crear un símbolo capaz de dotar de esperanza a los habitantes de Gotham. Pero aunque Batman haya desaparecido (¿para siempre?), la ciudad será vigilada bajo la atenta mirada de John Blake, quien en la última secuencia de la película revela que su segundo nombre es Robin e irrumpe en la Batcueva dispuesto a dar continuidad al legado del señor de la noche.


viernes, 20 de julio de 2012

El señor de la noche según Christopher Nolan. Segunda parte: EL CABALLERO OSCURO


     Dentro de la filmografía de Christopher Nolan, El caballero oscuro (The dark knight, 2008) no solo supone la segunda pieza de su trilogía dedicada al hombre murciélago, sino también su primera secuela. En este sentido la continuación de Batman begins (id, 2005) no deja de resultar una secuela atípica y poco convencional, que se aleja bastante del planteamiento dramático de la primera entrega para emprender un camino distinto y arriesgado, lo que le permite a Nolan profundizar en sus personajes y en las relaciones que se establecen entre ellos. Pero sin duda si algo destaca en El caballero oscuro es la intensidad, pocas veces igualada, con la que narra el enfrentamiento entre un héroe y su adversario, en este caso el Joker interpretado por un antológico Heath Ledger.

     Si en Batman begins destacaba la influencia de la novela gráfica de Frank Miller y David Mazzucchelli Batman: Año Uno (1987), en El caballero oscuro puede apreciarse la huella de El largo Halloween (1997), celebrada serie de cómics escrita por Jeph Loeb e ilustrada por Tim Sale. Al igual que en El largo Halloween, el motor de la trama de El caballero oscuro es la colaboración a tres bandas entre Bruce Wayne/Batman (Christian Bale), el comisario James Gordon (Gary Oldman) y el fiscal Havey Dent (excelente Aaron Eckhart) para acabar de una vez por todas con el crimen organizado de la ciudad de Gotham. Este pacto, casi un triunvirato como los que surgieron durante la república romana (no en vano aparecen pequeñas referencias a la antigua Roma a lo largo de la película), describe a la perfección la función que Batman ha asumido para el mantenimiento del orden en su ciudad: mientras que Gordon está dispuesto a llevar a los delincuentes ante la justicia y Dent a hacer todo lo posible para que paguen por sus crímenes con la cárcel, el justiciero enmascarado aparece como la fuerza que hace que todo ello sea posible, atrapando a criminales que están fuera del alcance de la policía o que se escudan tras leyes jurisdiccionales. Al respecto merecen ser destacadas secuencias tan espléndidas como el violento interrogatorio ejercido por el hombre murciélago contra el Joker en plenas dependencias policiales o aquella en la que Batman viaja hasta Hong Kong para atrapar a Lau (Chin Han), un contable encargado de blanquear el dinero sucio de la mafia que ha escapado de las autoridades de Gotham; dicha secuencia, excelentemente filmada, culmina con un nuevo guiño de Nolan a la serie cinematográfica de James Bond, en concreto a Operación Trueno (Thunderball, Terence Young, 1965), cuando el señor de la noche secuestra a Lau por vía aérea ante la atónita mirada de los agentes de seguridad que protegían al delincuente.

     Si la figura de Batman representa para las fuerzas del orden la posibilidad de cruzar fronteras inquebrantables para ellos en la lucha contra el crimen, Harvey Dent representa para el hombre murciélago la promesa de un futuro sin delincuencia en el que ya no será necesaria la existencia del señor de la noche. Y es que, a pesar de que la acción de El caballero oscuro transcurre unos pocos meses después de la de Batman begins, Wayne aparece ya muy cansado de los avatares ocasionados por su doble vida: su cuerpo muestra grandes contusiones fruto de sus rondas nocturnas y no deja de soñar con la idea de que el honrado fiscal limpie las calles de Gotham para siempre, lo que le permitiría a Bruce la oportunidad de vivir en paz junto a su amada Rachel (Maggie Gyllenhaal). Haciendo gala de un notable pesimismo, el resto de la película se encargará de mostrar cómo el proyecto de materializar esos sueños de esperanza supondrá un completo fracaso debido a los anárquicos planes del Joker, una de esas extrañas personas que según Alfred (Michael Caine) “solo quieren ver arder el mundo”.

     Y es que, si Batman lucha por establecer el orden en Gotham, el Joker aboga por un mundo sin límites reinado por el caos. El malvado villano surge de este modo como una figura opuesta pero complementaria a la del hombre murciélago, idea remarcada por Nolan con el paralelismo con el que muestra las acciones de los dos antagonistas. De este modo, en su primera aparición el Joker elimina uno por uno a los matones que le han ayudado en un atraco y que lucen disfraces de payaso similares al suyo; en la secuencia posterior, Batman se ve obligado a reducir a un puñado de imitadores que también se visten de hombres murciélago para tomarse la justicia por su mano: tanto el Joker como Batman son capaces de contagiar sus ideales, pero ambos necesitan actuar por sí mismos porque nadie más es capaz de llegar tan lejos como ellos. Por otro lado, a pesar de que al principio el Joker ofrece sus servicios a la mafia y Batman cuenta con el beneplácito de los ciudadanos y de las fuerzas policiales, al final ambos acabarán siendo repudiados por todos aquellos que inicialmente les apoyaban, revelando la hipocresía de una sociedad que no está dispuesta a asumir el precio de su estabilidad.

     Christopher Nolan y el desaparecido actor Heath Ledger llevaron a cabo una fascinante reinterpretación del enemigo por antonomasia del hombre murciélago incidiendo en su componente anárquico y en su crueldad. En lo referente a lo primero, llama la atención que El caballero oscuro sea la primera película de Nolan narrada estrictamente en orden cronológico. No obstante esa linealidad del relato acaba resultando aún menos convencional que los saltos en el tiempo de Batman begins, pues de este modo Nolan vence a la tentación de narrar el pasado del Joker a través de flashbacks y convierte el origen del villano en uno de los mayores enigmas de su filmografía; de hecho las diferentes versiones que el Joker explica acerca del modo en que sufrió los terribles cortes que deforman su rostro sugieren la idea de que se trata de un personaje sin pasado, una fuerza maligna que parece existir únicamente para luchar eternamente contra Batman y sumir así a la población de Gotham en un estado interminable de caos. Por lo que respecta a la crueldad, destaca la fijación del Joker por las armas blancas, tanto por los cuchillos que usa para desfigurar a sus víctimas como por la cuchilla que emerge letalmente de la punta de su zapato, una nueva referencia a James Bond y más concretamente a Desde Rusia con amor (From Russia with love, Terence Young, 1963); tal y como explicará con enfermizo deleite, el Joker disfruta de este tipo de armas porque le permiten asesinar a sus víctimas muy despacio, dejándole saborear cada instante del sufrimiento ajeno…

     De un modo similar a como sucedía en La broma asesina (1988), escrita por Alan Moore, ilustrada por Brian Bolland y posiblemente la mejor obra dedicada al personaje, el Joker no parará en su propósito de demostrar que, en situaciones excepcionales, cualquier persona sometida a una gran presión es capaz de convertirse en un monstruo como él. De este modo amenazará con asesinar cada día a un inocente hasta que Batman se entregue y se quite la máscara; más tarde, y tras cambiar de opinión, amenazará con destruir un hospital si la identidad secreta de Batman es revelada, provocando que un gran nombre de ciudadanos atenten contra Reese (Joshua Harto), un ejecutivo de Industrias Wayne que se disponía a identificar al hombre murciélago ante los medios de comunicación. Sin embargo será la dolorosa conversión de Harvey Dent en el aterrador Dos Caras la que supondrá la victoria definitiva del Joker: tras sufrir los efectos de una terrible quemadura, la mitad izquierda del rostro de Harvey quedará completamente desfigurada, exteriorizando de este modo unas heridas emocionales ocasionadas no tanto por su accidente como por la muerte de un ser querido. La destrucción física y moral de Dent queda simbolizada en la moneda de dos caras idénticas que el fiscal siempre llevaba consigo y que tras el accidente ha quedado oscurecida por uno de sus lados: “O mueres como un héroe o vives lo suficiente para verte convertido en un villano”, dijo proféticamente Dent cuando aún era conocido como el caballero blanco de la ciudad y seguía creyendo en el funcionamiento de la justicia. De este modo el que prometía convertirse en el símbolo de esperanza que Batman no podría ser jamás oscurecerá su carácter hasta convertirse en un asesino decidido a tomarse la justicia por su mano.

     El caballero oscuro es una película mucho más compacta y redonda que Batman begins, gracias no solo a un excelente guión, escrito por Christopher Nolan y su hermano Jonathan, sino sobre todo a la mayor fuerza de la puesta en escena, como se puede observar en su sentido del ritmo y en la mayor espectacularidad de sus imágenes. De este modo merecen ser destacadas las secuencias de acción, no solo por la brillantez de la planificación y del montaje sino por cómo ayudan a definir a los personajes, en especial al Joker: la ya citada secuencia inicial del atraco al banco, un reconocido homenaje a la famosa secuencia del robo de Heat (id, Michael Mann, 1995), que destaca no solo por su excelente resolución sino por el maquiavélico método utilizado por el Joker para que sus compinches se liquiden el uno el otro; la persecución automovilística, al parecer indispensable en cada película protagonizada por el superhéroe creado por Bob Kane, de la que sobresale el instante en que el villano tienta a Batman para que le mate, lo que destruiría irremediablemente el símbolo de justicia en el que trata de erigirse el héroe; la posterior huida del Joker de la comisaría en la que se encuentra retenido, que consigue llevar a cabo escondiendo un explosivo en el estómago de uno de sus ayudantes; el momento en que el asesino de la siniestra sonrisa quema una montaña de dinero perteneciente a la mafia, con Lau atado y amordazado en su cima...

     Pero si en algo destaca la energía imprimida por Nolan a su relato es en la valiente convicción con la que dinamita algunas de las convenciones del cine de superhéroes. En este sentido hay que destacar el inesperado desenlace del triángulo amoroso formado por Bruce, Rachel y Harvey: tras secuestrar a los dos últimos y atarles junto a unos explosivos, el Joker engañará perversamente a Batman para que rescate a Harvey y no al gran amor de su vida; en un detalle de gran crueldad, Rachel morirá pensando que Bruce ha preferido salvar al fiscal antes que a ella. De este modo Rachel pasa a formar parte de la galería de personajes femeninos de la obra de Christopher Nolan que pierden la vida por culpa indirecta del hombre al que aman, al igual que la esposa muerta (Jorja Fox) de Memento (id, 2000), la Sarah Borden (Rebecca Hall) de El truco final (The prestige, 2006) o la Mal (Marion Cotillard) de Origen (Inception, 2010). Aún más sorprendente y nihilista resulta el extraordinario desenlace de la película: tras atrapar al Joker y verse obligado a matar a Dent, Batman asumirá los violentos crímenes de este último, pasando a ser odiado como un villano para evitar que la reputación del caballero blanco de Gotham quede destruida para siempre y que su cruzada contra el crimen sea puesta en entredicho. Como en El hombre que mató a Liberty Valance (The man who shot Liberty Valance, John Ford, 1962), la mentira acaba siendo la única opción para mantener a salvo a la sociedad, aunque sea a costa de quien lo ha perdido todo para protegerla. Las imágenes finales de la película son inolvidables, con un Batman cansado y herido huyendo de la policía y emprendiendo un camino hacia la marginación y la soledad.


sábado, 30 de junio de 2012

El señor de la noche según Christopher Nolan. Primera parte: BATMAN BEGINS


     Existe un breve momento en Following (id, 1998), el modesto pero interesante debut en la dirección de Christopher Nolan, en el que aparece fugazmente un emblema de Batman como parte del atrezo. Probablemente no se trata más que de una simple casualidad, pues difícilmente el cineasta británico podía imaginar que pocos años después dirigiría Batman begins (id, 2005), primera parte de una trilogía que completaría con El caballero oscuro (The dark knight, 2008) y El caballero oscuro: La leyenda renace (The dark knight rises, 2012). Sin embargo, y aunque antes del estreno de Batman begins muchos calificaron de arriesgada la elección de Nolan como su máximo responsable, no es menos cierto que el personaje del hombre murciélago guarda una estrecha relación con los protagonistas de sus demás ficciones cinematográficas. De este modo Bruce Wayne (Christian Bale) está tan atormentado por la muerte de sus padres como Leonard Shelby (Guy Pearce) lo estaba por el asesinato de su esposa en Memento (id, 2000), Will Dormer (Al Pacino) por la muerte de su compañero en Insomnio (Insomnia, 2002) o Cobb (Leonardo DiCaprio) por el suicidio de su esposa en Origen (Inception, 2010). Por otro lado la doble identidad de Wayne, quien adopta una imagen frívola de cara al exterior y tan solo revela su auténtica naturaleza cuando oculta su rostro tras una máscara, guarda gran relación con la tortuosa existencia del Alfred Borden (también interpretado por Christian Bale) de El truco final (The prestige, 2006), quien con la intención de convertirse en el mejor profesional del ilusionismo sacrificaba su vida personal recurriendo al desdoblamiento. Se mire por donde se mire, el superhéroe creado por Bob Kane le permitía a Nolan seguir indagando en temas recurrentes de su obra como la obsesión, la venganza, el sentimiento de culpabilidad o la importancia de un pasado marcado por la muerte.

     Batman begins es una película dividida en dos partes. La primera de ellas renuncia a una estructura lineal (tal y como sucede en casi toda la filmografía de Nolan), alternado dos líneas narrativas. Una de ellas consiste en varios flashbacks que describen algunos episodios fundamentales de la infancia y juventud de Bruce Wayne: la tierna relación con su padre Thomas (un breve pero excelente Linus Roache), de quien guarda un recuerdo idealizado; el trágico suceso en el que sus padres perdieron la vida a manos del atracador Joe Chill (Richard Brake); la relación de tintes paterno-filiales que Bruce establece con su mayordomo Alfred (un espléndido Michael Caine), personaje que adquiere aquí un mayor peso respecto al que tenía en muchos cómics o en los anteriores largometrajes dedicados a Batman; el intenso momento en que un veinteañero Bruce está punto de vengarse de Joe al ser éste puesto en libertad tras un encarcelamiento de varios años, tentación frustrada cuando el criminal es asesinado por un sicario de la mafia (en una secuencia que, por otro lado, evoca el famoso asesinato de Lee Harvey Oswald a manos de Jack Ruby)… Este último suceso será de vital importancia para la formación del carácter del protagonista y su decisión de convertirse en un justiciero enmascarado: al asistir a la muerte del asesino de sus padres, Bruce sentirá tanto la impotencia de no poder llevar a cabo su venganza como la vergüenza de haber estado a punto de tomar un camino que habría deshonrado la memoria de su familia.

     La segunda línea narrativa muestra los viajes de un adulto Bruce alrededor del mundo con el propósito de conocer el mundo de la delincuencia y aprender a sobrevivir en circunstancias extremas. En uno de ellos conocerá al enigmático Henri Ducard (Liam Neeson), quien le introducirá en La liga de las sombras, una no menos misteriosa organización secreta dedicada a erradicar el mal y la injusticia haciendo uso del sigilo, la intimidación y la violencia. Durante su proceso de iniciación para formar parte de la Liga, Wayne le confesará a Ducard que ya no se siente responsable de la muerte de sus padres, pero que a cambio se ha despertado en él un irrefrenable sentimiento de ira. Sin embargo, y aunque las lecciones de lucha e infiltración de Ducard le serán de gran ayuda al futuro hombre murciélago, los despiadados métodos de La liga de las sombras le provocan un enorme rechazo pues en su opinión sobrepasan el ideal de la justicia para abrazar abiertamente la venganza pura y dura; será en este momento cuando Bruce Wayne emprenderá el camino definitivo a su transformación en el señor de la noche.

     La segunda parte de la película arranca cuando Bruce Wayne regresa a Gotham dispuesto a convertirse en Batman, iniciando una lucha contra el crimen organizado que también le llevará a enfrentarse al Dr. Crane, alias El Espantapájaros (Cillian Murphy), y a la mismísima Liga de las sombras. Es en esta parte donde Nolan se acerca temática y estilísticamente a uno de los más célebres cómics dedicados al hombre murciélago: el excelente Batman: Año Uno (1988), escrito por Frank Miller e ilustrado por David Mazzucchelli. Aunque no puede ser considerada una adaptación cinematográfica del prestigioso cómic, Batman Begins coincide con éste no solo en la meticulosa narración de las primeras andanzas del héroe, en la descripción del sargento James Gordon (Gary Oldman) como el único policía honrado de Gotham o en la aparición de personajes secundarios ya presentes en la obra de Miller y Mazzucchelli como el gángster Carmine Falcone (Tom Wilkinson), el policía corrupto Flass (Mark Boone Junior) o el comisario Loeb (Colin McFarlane), sino también en el tono adulto y hasta cierto punto verosímil con el que afronta un relato de superhéroes. De ahí que Gotham no sea aquí esa ciudad a medio camino entre la arquitectura gótica y el expresionismo alemán que aparecía en las dos películas de Tim Burton dedicadas al hombre murciélago, sino una gran urbe azotada por la lluvia, la suciedad y el crimen intercambiable con cualquiera de las grandes metrópolis del mundo real; de ahí también que el tono de la película, en ocasiones áspero y poco complaciente, sea mucho más próximo al género policíaco que al fantástico. Quizá por ello las referencias cinéfilas esparcidas a lo largo de la película no guardan relación con el cine de superhéroes, sino con la saga Bond: véase el personaje de Lucius Fox (Morgan Freeman), similar al Q (Desmond Llewelyn) de la serie del agente 007, o la explosión del templo situado en lo alto de una montaña nevada, que tanto recuerda a una de las secuencias más espectaculares de Al servicio secreto de su majestad (On her majesty’s secret service, Peter Hunt, 1969), no por casualidad uno de los títulos favoritos de Nolan.

     Otra de las aportaciones más interesantes de Batman begins es la de asociar la asunción del rol de héroe por parte de Bruce Wayne con el progresivo control que éste va adquiriendo sobre sus miedos, lógicamente simbolizados por la figura del murciélago. Ya la primera secuencia de la película, un flashback sobre la infancia de Bruce, muestra el gran terror que le provocan los murciélagos cuando se topa con decenas de ellos al caer accidentalmente a un pozo seco. Precisamente el recuerdo de esa traumática experiencia provocará indirectamente la muerte de sus padres: durante una representación operística las imágenes del espectáculo reavivarán los miedos del más pequeño de los Wayne, motivando la decisión de sus padres de abandonar el teatro y salir a la calle, lo que les llevará a ser asaltados por el delincuente Joe Chill: “No tengas miedo” serán las últimas palabras pronunciadas por Thomas Wayne antes de fallecer. Afrontando definitivamente sus temores, el futuro Batman instalará su sede de operaciones en una cueva repleta de murciélagos y adoptará su forma convirtiéndolos de este modo en sus máximos aliados en la guerra contra el crimen.

     Batman begins es una buena película engrandecida por su estupenda banda sonora, compuesta a cuatro manos por Hans Zimmer y James Newton Howard, y por las interpretaciones de su magnífico reparto, encabezado por un Christian Bale que se convierte claramente en la mejor encarnación cinematográfica de Bruce Wayne. Sin embargo es una lástima que una serie de irregularidades impidan que ésta sea una película del todo lograda. Por un lado todo lo relativo al proceso de aprendizaje de Bruce Wayne bajo la tutela de Henri Ducard se ve lastrado por la presencia de tópicos acerca de las relaciones entre maestro y aprendiz, a lo que no ayuda que el personaje de Liam Neeson recuerde en exceso a los interpretados por el mismo actor en Star Wars: Episodio I. La amenaza fantasma (Star Wars: Episode I. The phantom menace, George Lucas, 1999) o El reino de los cielos (Kingdom of heaven, Ridley Scott, 2005), a pesar del buen trabajo del actor irlandés. Tampoco muy afortunadas son las secuencias en las que los habitantes de Gotham sufren los efectos de unos poderosos narcóticos aplicados por los villanos a fin de infundirles terror, escenas lastradas por numerosas imágenes alucinatorias que rompen con la estética realista perseguida por Christopher Nolan y el director de fotografía Wally Pfister. Por lo que respecta a las secuencias de acción, algunas peleas cuerpo a cuerpo se ven perjudicadas por un montaje excesivamente frenético, si bien merecen ser destacados momentos mucho más logrados como la primera aparición nocturna de Batman en los muelles, que describe adecuadamente la confusión de los matones que se enfrentan a él en la oscuridad, o la espléndida secuencia en la que el hombre murciélago escapa del acoso policial escudándose tras cientos de quirópteros que han acudido en su rescate, en lo que por otro lado supone un homenaje a un brillante fragmento de Batman: Año Uno. En suma un conjunto de imperfecciones, lógicas al tratarse de la primera gran superproducción de Nolan, que el cineasta pulirá en la mucho más redonda El caballero oscuro.


viernes, 4 de mayo de 2012

Premios Liebster


     La gata con gafas ha tenido la amabilidad de conceder a este blog uno de sus premios Liebster. El funcionamiento de estos galardones consiste en que el administrador de un blog debe seleccionar otros cinco que le gusten por alguna razón especial, con la única condición de que ninguno de ellos supere el número de doscientos seguidores; a continuación, los propietarios de los cinco blogs premiados deben realizar, si quieren, sus propias recomendaciones, creando de este modo una cadena de enlaces por toda la blogosfera.

     Quiero expresar mi agradecimiento a La gata con gafas por su mención. A la hora de preparar mis premios Liebster no me ha resultado fácil confeccionar una lista de cinco blogs, ya que siempre duele dejar fuera a uno u otro. De todos modos lo que sigue es una lista de blogs que suelo consultar frecuentemente y que me parecen muy recomendables por diferentes motivos. No están todos los que son, pero son todos los que están.

     1. El cine según Tomás Fernández Valentí. Este blog casi no necesita presentación. Se trata del blog personal de uno de los críticos más conocidos y admirados de España, en especial gracias a su labor en las revistas Dirigido por… e Imágenes de actualidad, así como a libros tan recomendables como David Lean. La emoción y el espectáculo. Un lugar de encuentro imprescindible para todos los aficionados al cine.

     2. Esbilla cinematográfica popular. Completísimo blog en el que su autor, Adrián Esbilla, hace gala de una saludable falta de prejuicios a la hora de analizar películas pertenecientes a todo tipo de géneros, estilos y nacionalidades, con una predilección especial por la serie B y el cine de género europeo. Ideal para descubrir joyas ocultas del séptimo arte.

     3. Impresiones de una principiante. Blog personal de Roxana Gark dedicado casi por completo a su actor favorito, el siempre excelente Ewan McGregor, de quien publica entrevistas, fotografías, imágenes animadas e incluso algunos diálogos de sus películas. Sin embargo en este sitio también tienen cabida otras devociones cinéfilas de su autora como el actor Michael Fassbender o la película Midnight in Paris (id, Woody Allen, 2011). A destacar el hermoso acabado visual de la página, toda una fiesta para los ojos.

     4. Memoria perdida. Blog en el que su autora, Anna Genovés, publica tanto ensayos como poemas o relatos de ficción. Los temas de sus escritos son muy diversos, pero casi todos tienen un marcado tono autobiográfico además de un estupendo sentido del humor que aporta un tono jocoso a su lectura.

     5. El inquietante bypass. Destaco por último este blog de reciente creación en el que su autor, J.C. Alonso, diserta sobre sus principales aficiones, entre ellas el cine, la música o la ficción televisiva. Un blog a seguir con atención en el que resulta visible el entusiasmo de su autor a la hora de escribir sobre diferentes temas que van desde Ernst Lubitsch a Mickey Rourke pasando por la música de los Clash o el film noir.

sábado, 21 de abril de 2012

Las mejores bandas sonoras de 2011



     Como ya hice el año pasado, dedico unas líneas a las cinco mejores bandas sonoras de la temporada. Antes de nada creo conveniente precisar que me voy a centrar en composiciones pertenecientes a películas estrenadas a lo largo de 2011 en España, de ahí que no cite músicas tan excelentes como las de War horse (id, Steven Spielberg, 2011), de John Williams, o La invención de Hugo (Hugo, Martin Scorsese, 2011), de Howard Shore. Por otro lado me gustaría destacar algunas partituras que no figuran en la lista pero que bien podrían haberlo hecho: El árbol de la vida (The tree of life, Terrence Malick, 2011), Drive (id, Nicolas Winding Refn, 2011), Cisne negro (Black swan, Darren Aronofsky, 2010) o Las aventuras de Tintín: El secreto del unicornio (The adventures of Tintin: The secret of the unicorn, 2011), compuestas respectivamente por Alexandre Desplat, Cliff Martinez, Clint Mansell y John Williams. De todos modos mis bandas sonoras favoritas de 2011 son las siguientes:

1. The artist de Ludovic Bource

     The artist (id, 2011), la estupenda película de Michel Hazanavicius, ha supuesto un verdadero tour de force para su compositor habitual Ludovic Bource. Al tratarse de un film (casi enteramente) mudo, el compositor francés tenía el gran reto de acompañar musicalmente todas y cada una de sus secuencias, a excepción de los momentos de silencio absoluto y de la incorporación de unos pocos temas ajenos como la canción Pennies from Heaven o el tema de amor compuesto por Bernard Herrmann para  Vértigo (Vertigo, Alfred Hitchcock, 1958). El resultado es francamente encomiable y supone un magnífico homenaje tanto a las partituras del cine mudo como a las grandes bandas sonoras del período clásico de Hollywood. Existen muchos momentos admirables en el trabajo de Bource: la enérgica obertura de los títulos de crédito iniciales; el ya famoso leitmotiv, de carácter alegre y juguetón, dedicado al personaje de George Valentin; la espectacular música sinfónica de las ficticias películas interpretadas por el galán; el hermoso vals asociado al personaje de Peppy Miller; los melancólicos y elegantes temas que ilustran la caída en el olvido del protagonista; la intensa música dramática que acompaña la secuencia del incendio en la casa de Valentin…




2. Valor de ley de Carter Burwell

     Son muchos quienes se limitan a considerar a Carter Burwell como el músico por excelencia de los hermanos Coen, pero este veterano compositor es mucho más que eso, tal y como demuestran excelentes partituras como las de Conspiración (Conspiracy theory, Richard Donner, 1997), Dioses y monstruos (Gods and monsters, Bill Condon, 1998), La hija del general (The general’s daughter, Simon West, 1999) o Antes que el diablo sepa que has muerto (Before the devil knows you’re dead, Sidney Lumet, 2007). En Valor de ley (True grit, Joel y Ethan Coen, 2010) Burwell ha optado inteligentemente por distanciarse de la espectacular banda sonora compuesta por Elmer Bernstein para la película original de Henry Hathaway, decantándose por una partitura mucho más intimista y sensible, con una gran presencia del piano, que realza el carácter iniciático de las aventuras de la joven Mattie interpretada por Hailee Steinfeld. A pesar de ello tampoco faltan momentos de gran intensidad en secuencias como el cruce del río o el tiroteo final, momentos en los que Burwell da rienda suelta a su aliento épico. Sin duda una gran banda sonora y una notable aportación musical al género del western.



3. El topo de Alberto Iglesias

     Antes de El topo (Tinker Tailor Soldier Spy, Tomas Alfredson, 2011) el compositor donostiarra Alberto Iglesias ya había puesto música a otra adaptación de una novela de John le Carré en El jardinero fiel (The constant gardener, Fernando Meirelles, 2005). Sin embargo los dos trabajos no podrían ser más diferentes entre sí, pues la ambientación africana de El jardinero fiel le permitió al compositor experimentar con la música étnica. En cambio para la película de Alfredson, ambientada en los años 70 con la guerra fría como telón de fondo, Iglesias se ha decantado por el jazz, una opción perfecta para describir la frialdad del mundo del espionaje. La partitura está presidida por un tema dedicado a George Smiley, el triste y solitario protagonista de El topo cuyas andadas están acompañadas por Iglesias con una melancólica trompeta. En los momentos de suspense el músico ofrece una música más enérgica y nerviosa, recurriendo en contadas ocasiones a la guitarra eléctrica, mientras que en los momentos más apesadumbrados cobran un especial protagonismo el piano y los instrumentos de cuerda. En suma una banda sonora sutil pero muy adecuada para las dramáticas imágenes de la película y que supone un importante paso en firme en la trayectoria internacional del compositor.



4. X-Men: Primera generación de Henry Jackman

     A diferencia de otras sagas cinematográficas de superhéroes, la de los X-Men ha contado con un compositor diferente para cada una de sus entregas, desde el ya fallecido Michael Kamen en la primera parte hasta músicos más jóvenes como John Ottman, John Powell o Harry Gregson-Williams en las sucesivas secuelas. En X-Men: Primera generación (X-Men: First class, Matthew Vaughn, 2011) el músico elegido ha sido Henry Jackman, quien a pesar de su corta experiencia en el mundo de las bandas sonoras ha realizado el mejor trabajo musical de la saga. De su partitura destacan especialmente dos temas realmente brillantes: el primero, un himno dedicado a la patrulla X, describe con energía el valor y la heroicidad del grupo de jóvenes mutantes y aparece en los momentos más espectaculares de la cinta; el segundo, mucho más contundente, está dedicado al vengativo personaje de Magneto y destaca por la poderosa presencia de la guitarra eléctrica, aportando gran intensidad a secuencias como la caza de nazis en Argentina. No es de extrañar que varios fragmentos de esta estupenda banda sonora ya estén siendo utilizados en diversos tráilers y spots publicitarios, augurando un futuro muy prometedor para Jackman.



    

5. Super 8 de Michael Giacchino

     La colaboración entre el compositor Michael Giacchino y el director, productor y guionista J.J. Abrams es una de las más sólidas e interesantes de la última década, especialmente gracias a la ya legendaria serie de televisión Perdidos (Lost, 2004-2010). Para Super 8 (id, 2011), la irregular tercera película dirigida por Abrams, Giacchino ha confeccionado una de sus bandas sonoras más completas, con temas que basculan entre la melancolía, la aventura, el romanticismo o el terror. Existen multitud de instantes memorables en este trabajo, desde el leitmotiv dedicado a la pareja de niños hasta los momentos de suspense en los que se percibe la presencia de la misteriosa criatura, pasando por la música amenazadora dedicada al ejército o el magnífico tema de la despedida final. Merece la pena destacar la música compuesta por Giacchino para el ficticio cortometraje que los protagonistas filman a lo largo de su aventura y que aparece durante los títulos de crédito finales de Super 8: más de tres minutos de puro homenaje a la ciencia ficción de serie B, con la inclusión de la entrañable música de theremin siempre asociada al género desde que Bernard Herrmann la utilizara en Ultimátum a la Tierra (The day the Earth stood still, Robert Wise, 1951).



viernes, 9 de marzo de 2012

Las mejores películas de 2011



     En esta ocasión he preferido publicar la lista de mis películas favoritas del año algo más tarde de lo habitual, una vez he podido recuperar algunos títulos que aún no había tenido tiempo de ver. Como siempre me he centrado en películas estrenadas en España desde enero hasta diciembre del año pasado. En mi opinión 2011 no fue un gran año de cine, pero lo cierto es que poco a poco fueron apareciendo notables películas, algunas de ellas imprescindibles. Lo que sigue es una selección de diez títulos, algunos de ellos muy diferentes entre sí pero en mi opinión igualmente recomendables.

1. El árbol de la vida
de Terrence Malick


     Por la belleza de sus imágenes, por la libertad creativa que transmite cada uno de sus fotogramas, por la emoción con la que retrata la existencia humana, por todos aquellos espectadores que la han vivido como una experiencia única e incluso por todos aquellos que ni siquiera han podido aguantar su visionado. Por todos estos motivos y por muchos más El árbol de la vida (The tree of life, Terrence Malick, 2011) merece ser considerada la película del año.

2. Más allá de la vida
de Clint Eastwood


     Sin duda la gran película a reivindicar de la temporada, Más allá da la vida (Hereafter, 2010) es también uno de los títulos más infravalorados de Clint Eastwood. El que sin duda es el mejor cineasta de nuestros días demuestra de nuevo su sensibilidad a la hora de retratar a unos personajes cuya obsesión con la muerte les impide disfrutar de la vida. Algunas secuencias (el tsunami que arrasa Tailandia, le evolución de la historia de amor entre Matt Damon y Bryce Dallas Howard) están a la altura de lo mejor de su director.

3. Drive
de Nicolas Winding Refn


     Lo primero que sorprende de Drive (id, 2011) es que su director, el danés Nicolas Winding Refn, ni siquiera sabe conducir. Pero su película es mucho más que una historia de persecuciones y conductores solitarios; es, ante todo, el ejercicio de estilo más cool de la temporada, un relato negro dotado de una puesta en escena tan fascinante como la chaqueta que siempre lleva el misterioso personaje encarnado por un espléndido Ryan Gosling.

4. The artist
de Michel Hazanavicius


     The artist (id, Michel Hazanavicius, 2011) es una de esas joyas que solo aparecen de vez en cuando, una película surgida prácticamente de la nada que se ha ganado el corazón de todo tipo de espectadores rindiendo tributo a un cine, el mudo, que aún espera ser descubierto por toda una generación. Hacía años que una película tan buena no ganaba el Oscar.

5. El topo
de Tomas Alfredson


     El topo (Tinker Tailor Soldier Spy, Tomas Alfredson, 2011) nos devuelve el mejor cine de espías con una compleja historia de engaño, traición y soledad. El escritor John le Carré debe de sentirse orgulloso por cómo un extraordinario grupo de actores ha dotado de vida a los personajes surgidos de su pluma. Crucemos los dedos y esperemos encontrarnos de nuevo con el George Smiley al que interpreta un magistral Gary Oldman.

6. Cisne negro
de Darren Aronofsky


     Cisne negro (Black swan, Darren Aronofsky, 2010) será recordada durante mucho tiempo por la impresionante interpretación de una Natalie Portman en estado de gracia, pero es que además se trata de una película barroca, densa y asfixiante en la que cohabitan referentes tan diversos como Alfred Hitchcock, Roman Polanski o Satoshi Kon. Tchaikovsky se sorprendería de ver una representación de El lago de los cisnes tan inquietante como ésta.

7. Mother
de Bong Joon-Ho


     Es realmente triste que una película de la calidad de Mother (Madeo, Bong Joon-Ho, 2009) no haya sido estrenada en los cines de España, siendo explotada directamente en dvd y además con bastante retraso. Esta joya del cine policíaco, que en muchos aspectos prosigue el camino trazado por su director en la no menos recomendable Memories of murder (Salinui chueok, Bong Joon-Ho, 2003), analiza hasta donde puede llegar una madre (genialmente interpretada por Kim Hye-Ja) con tal de demostrar la inocencia de su hijo en un espeluznante caso de asesinato. Una película dura, intensa, apasionante.

8. Melancolía
de Lars von Trier


     Melancolía (Melancholia, Lars von Trier, 2011) es una película capaz de hablarnos del fin del mundo haciendo gala de una estética que deja sin habla por su belleza, brindándonos además un inolvidable prólogo acompañado de música wagneriana. Por esta película Kirsten Dunst rivaliza seriamente con Natalie Portman por el podio a la mejor interpretación del año.

9. Valor de ley
de Joel y Ethan Coen


     Considero que en muchos aspectos Valor de ley (True grit, Joel y Ethan Coen, 2010) es inferior a la película del mismo título dirigida por Henry Hathaway en 1969. A pesar de ello su clasicismo formal, la hermosa fotografía de Roger Deakins, la excelente banda sonora de Carter Burwell y las estupendas interpretaciones de Jeff Bridges y Hailee Steinfeld hacen de este film uno de los mejores westerns de la última década.

10. X-Men: Primera generación
de Matthew Vaughn


     X-Men: Primera generación (X-Men: First class, Matthew Vaughn, 2011) es un gozoso divertimento fruto una coctelera en la que se mezclan ingredientes tan diversos como los superhéroes del cómic, la estética de los años 60, la guerra fría y la crisis de los misiles cubanos. Michael Fassbender, actor que ha llegado para quedarse, está sencillamente sensacional.