sábado, 22 de octubre de 2011

Recuerdos de la infancia perdida: EL ÁRBOL DE LA VIDA



     Resulta difícil hablar de una película como El árbol de la vida (The tree of life, Terrence Malick, 2011). Para empezar un largometraje tan complejo como el de Terrence Malick requiere ser visto varias veces para poder valorarlo como se merece: no resulta fácil retener en la memoria tantas imágenes hipnóticas ni tantas sugerencias como las que propone una obra tan monumental como ésta, repleta además de profundas reflexiones sobre cuestiones trascendentales. Por si fuera poco, es bastante probable que la versión cinematográfica de El árbol de la vida diste mucho de ser la más completa, pues se rumorea que su director está trabajando en un montaje más extenso de alrededor de seis horas de duración. Por todos estos motivos las líneas que siguen a continuación no pretenden ser un análisis completo sino tan solo algunas anotaciones fruto de las primeras impresiones suscitadas por El árbol de la vida, una película capaz de provocar tanta admiración como rechazo pero que a nivel personal me ha parecido magnífica.

     Un aspecto sobre el que quizá no pueden sacarse conclusiones precipitadas es el posible carácter autobiográfico de al menos una parte importante de El árbol de la vida. La película, preparada durante décadas por Malick, se centra en la descripción de los O’Brien, una familia fuertemente dominada por un padre severo y autoritario (Brad Pitt) que sufrirá la súbita e inesperada pérdida de R.L. (Laramie Eppler), uno de sus tres hijos. Las tensas relaciones de Malick con su progenitor y la muerte prematura de uno de sus hermanos (aficionado, al igual que el R.L. de la película, a tocar la guitarra) sugieren el alto grado de implicación personal del director en este lírico relato, aunque el conocido secretismo con el que el cineasta trata su vida personal impide establecer más conjeturas al respecto.

     Si desde un punto de vista argumental El árbol de la vida sugiere una implicación íntima por parte de su creador, desde un punto de vista cinematográfico puede decirse con toda probabilidad que se trata de la obra más personal de su filmografía. Ninguna de las anteriores películas firmadas por Terrence Malick puede calificarse de convencional, pero lo cierto es que El árbol de la vida se muestra como su obra más arriesgada y atrevida, aquélla en la que consigue desligarse casi completamente de las normas de la narrativa tradicional. No existe en la película un planteamiento, un nudo o un desenlace, de hecho ésta ni siquiera se preocupa por explicar un relato coherente: siguiendo el camino de experimentación formal emprendido por el director en sus anteriores cintas, cada secuencia de El árbol de la vida se preocupa antes por transmitir emociones o sensaciones que por proporcionar nueva información sobre la trama. De este modo Malick alterna tonalidades, puntos de vista e incluso épocas históricas con el fin de lanzar una mirada a la existencia del hombre en el universo.

     Al principio de El árbol de la vida, un adulto Jack O’Brien (interpretado por Sean Penn en su madurez y por Hunter McCracken en su infancia) se muestra cansado y desorientado, completamente absorto en sus pensamientos. Resulta espléndida la forma en la que Malick lo muestra llevando a cabo su rutina laboral en un entorno arquitectónico tan sofisticado como frío, en una atmósfera completamente distinta a la que respiraba durante su niñez, en la cual el contacto con la naturaleza era constante. Pienso que la película entera está filtrada a través la mirada del Jack adulto, quien bucea en sus recuerdos para reflexionar de qué modo se formó su carácter introspectivo. Esos recuerdos, fragmentados por el paso del tiempo, le llevan a su infancia y a la educación recibida por parte de sus padres. Es en este punto donde se estrechan los lazos entre El árbol de la vida y La delgada línea roja (The thin red line, Terrence Malick, 1998), aquella espléndida cinta bélica centrada en gran parte en el enfrentamiento entre dos formas opuestas de entender la existencia: la del cínico sargento Welsh (Sean Penn), para quien una vida en este mundo no significaba nada, y la del soldado Witt (Jim Caviezel), empeñado en retornar a la pureza primitiva del hombre. En El árbol de la vida se repite esta dicotomía, contraponiendo la inocencia casi angelical de la madre (Jessica Chastain), quien enseña a sus hijos a amar la naturaleza y a buscar la espiritualidad oculta en todas las cosas, con la disciplina casi militar impuesta por el padre, un músico frustrado que descarga toda su insatisfacción en sus hijos contagiándoles un fuerte pesimismo hacia un mundo en el que en su opinión tan solo sobrevive el más fuerte. La muerte de uno de sus hijos supondrá un durísimo golpe para el matrimonio O’Brien, poniendo a prueba las creencias religiosas de la madre tal y como se encargan de remarcar las referencias bíblicas a Job, quien pese a ser un hombre justo tuvo que superar una serie de espantosas calamidades con el fin de demostrar su inquebrantable fe en Dios.

     Pero, al igual que sucede en cualquier película de Terrence Malick, lo realmente interesante de El árbol de la vida no es la historia que cuenta, sino la desbordante libertad creativa de la que hace gala su director a la hora de ponerla en imágenes. El largometraje está compuesto no por decenas de secuencias largas sino por cientos de secuencias breves, cortos fragmentos de vida mostrados con una exultante atención por el detalle. Muchas planos, secuencias o ideas merecen ser recordados: la dramática escena en la que el matrimonio O’Brien recibe la noticia de la muerte de su hijo R.L. (a retener el momento en que al padre se le comunica la trágica pérdida por teléfono: el sonido de ambiente de la pista de aterrizaje en la que se encuentra se superpone a sus lamentos haciéndolos aún más dolorosos); la ya famosa secuencia sobre el origen de la vida en nuestro planeta, desde la formación de los seres unicelulares hasta la extinción de los dinosaurios tras el impacto de un meteorito en la Tierra, un largo y preciosista fragmento montado como preludio al nacimiento del protagonista; el montaje de cortas escenas que, a través de la repetición de pequeños actos cotidianos, resume los primeros años de vida de Jack; el estallido de rabia del padre cuando se enfurece con sus hijos durante el almuerzo, momento que marca definitivamente sus diferencias con su esposa… De todos modos (atención: SPOILER) si hay una secuencia en la película capaz de generar controversia esa es la reunión final en una playa de todos los personajes, vivos y muertos, que han formado parte de la vida de Jack y que culmina con el reencuentro de todos los miembros de su familia, incluyendo al hermano fallecido años atrás. Queda abierto a discusión el sentido de esta secuencia (hay quien piensa que tan solo forma parte de los pensamientos de Jack, hay quien por el contrario la considera una visualización de la vida después de la muerte), pero lo cierto es que esta conclusión, además de estar admirablemente filmada, funciona como la redención final del protagonista, quien acaba encontrando el camino espiritual marcado por su madre consiguiendo alcanzar la paz interior.

     Calificar de bella la estética de Malick es insuficiente para expresar su magnitud. El árbol de la vida presenta una puesta en escena en la que cada elemento está tratado con la máxima exquisitez, desde una virtuosa planificación, con la cámara en constante movimiento, hasta un montaje repleto de elipsis, pasando por las voces en off que nos trasmiten las reflexiones, las emociones y los sentimientos de los personajes, haciéndonos partícipes de sus monólogos interiores. Sin embargo la fotografía y la banda sonora merecen menciones muy especiales. El operador Emmanuel Lubezki, quien ya colaboró con Malick en El nuevo mundo (The new world, 2005), consigue unas imágenes de inolvidable plasticidad, haciendo un uso magistral de la luz natural para expresar las emociones de los personajes. Por su parte la banda sonora, tal y como es habitual en el cine de Malick, combina con gran armonía la partitura original, compuesta en esta ocasión por un inspirado Alexandre Desplat, con una extensa colección de piezas clásicas de compositores como Bedřich Smetana, Hector Berlioz, Henryk Górecki, John Tavener o Zbigniew Preisner.

     Puede discutirse si El árbol de la vida es o no esa obra de arte total que en todo momento intenta llevar a cabo Terrence Malick: el tiempo dirá si estamos ante una obra perfecta o ante un conjunto de brillantes ideas diseminadas a lo largo de una película de proporciones gigantescas. Pero si de algo no cabe la menor duda es de que nos encontramos ante la obra de un cineasta comprometido con la búsqueda de nuevas formas expresivas y plenamente convencido de que no todo está ya inventado en el séptimo arte.

 

9 comentarios:

Ramón dijo...

Más que una película, Malick nos regala una experiencia visual que nos transmite mil sensaciones a través de sus poderosas imágenes y la selecta música que la acompañan.

Saludos !!!

Pedro Grimalt Rosselló dijo...

Hola Ramón:

Coincido contigo, la película es toda una experiencia que merece ser disfrutada. Por cierto, celebro que vuelvas a escribir en tu blog, lo cierto es que tus escritos se echaban en falta.

Saludos.

David C. dijo...

Como tú dices una experiencia "magnífica". Una de las mejores películas del 2011. Tengo ganas de ver más cine de Malick realmente.

Pedro Grimalt Rosselló dijo...

Buenas noches David C., muchas gracias por tu visita y por tu comentario. Si te has quedado con ganas de ver nuevas películas de Terrence Malick estás de suerte, ya que el cineasta está preparando nada menos que cuatro películas: un proyecto aún sin título cuyo estreno está previsto para el año que viene, un documental sobre el origen del universo y otras dos películas protagonizadas por Christian Bale. Quién lo iba a decir de un director que tan solo ha filmado cinco películas en cuatro décadas. Saludos.

Roxana G. dijo...

Para que todo este equilibrado debo decir que visualmente la película es única, Mallick junto con Lubezki logran un gran despliegue de tomas espectaculares. La parte de la creación una de las cosas más bellas y que he visto, tan detallada como sensible, pues en esta parte de la película si tenia erizada la piel pero por lo que mis ojos veían. Sin embargo, la película entera ya como film, no me gustó, como dicen por ahí no le encontré sazón, y con esto no significa que sea mala, ni regular, ni nada que se le parezca, de hecho es un obra muy hermosa, lo mejor de Mallick a decir verdad. “El Árbol de la Vida” evoca esas preguntas tan universales que la humanidad ha tenido desde siempre, como parte de su filosofía y como parte del mensaje que Mallick después de todo nos trasmite. Pero mi problema es que cuando se aborda un tema tan amplio, complicado y ambiguo como lo es la vida la película se inclina por la concepción universal del tema lo que al final me pareció intrascendente, no se si sea porque no supe apreciar esa forma de narrar de la película, o que a veces esa odisea de imágenes provocaron bostezos en mi por primera vez en una sala de cine, o que simplemente no supe entender a Mallick.

Lo que concluyo es que “El Árbol de la Vida” es para pocos, para cierto tipo de audiencia o para quienes gusten del trabajo de Malick. Un film más que todo para filósofos. Pero a veces me pregunto si “El Árbol de la Vida” hubiera tenido dialogo en lugar de todo ese festín de imágenes, tal vez el film se hubiera interpretado mal, un factor religioso por ahí lo hubiera vuelto controversial. Esas numerosas imágenes la colocaron en la categoría de "generalizada" y no de "especificada" y para mi, si hubiera tenido mejor lo segundo quizá este film me hubiera encantado, tal y como lo hizo "Beginners", tratando un punto especificado de un tema tan general, complicado, ambiguo y extraño como lo es la felicidad ¿Qué es? ¿De que trata? ¿Y porque los seres humanos la quieren? Si así, hubiera sido “El Árbol de la Vida” sobre el tema de la “vida” otra fuera mi critica por acá.

Pedro Grimalt Rosselló dijo...

Buenos días Roxana:

Comprendo muy bien lo que dices, “El árbol de la vida” es una película capaz tanto de entusiasmar como de aburrir, cada espectador la experimenta de un modo diferente por mucho que todos coincidamos en la belleza de sus imágenes. Debo decir que tanto esta película como “La delgada línea roja” me entusiasman, pero sin embargo no aprecio del mismo modo otras obras de Terrence Malick. De todos modos aprecio siempre el propósito de este director de hacer un cine puramente visual, con escasos diálogos pero sí con un poético uso de las voces en off y una exquisita selección musical. Probablemente habrá que esperar a ver ese esperado montaje del director de “El árbol de la vida” (¡de alrededor de seis horas de duración!) para poder juzgarla en su conjunto, pero por ahora me parece sencillamente maravillosa.

¡Saludos!

Ann@ Genovés dijo...

Hola Pedro,

Ayer, por fin, vi “Mother” y tengo que decirte que me ha dejado muy buen sabor de boca… La califico, como tú, con un notable alto. La música es extraordianria.

Conocía al director Bong Joon-Ho por “Memories of murder” y reconozco que es muy bueno; intercala unos planos largos con otros cortos con un montaje admirable.

Es una película poética con toques “hichcocksianos” y encuadres de una perspectiva admirable. Los actores: encomiables; desde el amargado policía hasta la monopolizadora protagonista. Que en su alarde maternal, como la leona que protege a sus cachorros, llega a trasmutar en asesina… En una verdadera “femme fatal”.

La vuelta de tuerca de las colegialas-es tan virginales como diabólicos, te atrapa de nuevo. La conversión del rufián del amigo en el vengador, te agrada y la confesión del subconsciente del “border line” del hijo, te descoloca.

El colofón del enlace final con el inicio, concluyen con la rúbrica del director, en este magnífico film de una belleza minimalista que irradia libertad. Saludos y gracias por tu recomendación,

Ann@ Genovés

P.D. Te remito el enlace de mi última publi por si quieres echarle un vistazo –es un poema-, entre hoy y mañana colgaré un nuevo relato. Gracias.
http://annagenoves2012.blogspot.com.es/2012/03/tu-sexo.html

Pedro Grimalt Rosselló dijo...

Buenos días Anna:

Estoy muy contento de que te haya gustado “Mother”. Creo que una de las mayores utilidades de confeccionar listas del mejor cine del año, de la década o de lo que sea es la de reivindicar películas que pasaron desapercibidas sin merecerlo. En este caso resulta lamentable que una película de tanta calidad y que ha recibido tantos premios internacionales ni siquiera haya sido estrenada comercialmente en España.

No sé si me gusta más “Memories of murder” o “Mother”, pues lo cierto es que ambas son brillantes. Como ya señalas una de las cosas más interesantes de esta última es la escasa complacencia con la que están retratados los personajes: incluso la protagonista tiene una personalidad repleta de claroscuros, y llega un momento en que no sabe si actúa como lo hace para proteger al hijo o para retener a su lado a la única persona que calma su soledad. Además se trata de una película cuya intensidad va creciendo a medida que avanza el metraje, algo cada vez menos habitual en el cine de nuestros días.

¡Saludos!

manipulador de alimentos dijo...

Una película inolvidable!!! Esencial e imperfecta, como la vida misma...

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