viernes, 4 de junio de 2010

TWO LOVERS: El dilema de Leonard Kraditor



     De entre la interesantísima generación de cineastas surgidos en el cine norteamericano de los años 90 James Gray no es uno de los nombres más reconocidos: directores como Christopher Nolan, David Fincher, Paul Thomas Anderson, M. Night Shyamalan o Sam Mendes siempre reciben mucha más atención por parte del público y de la prensa especializada. Sin embargo el cine de Gray es, sin duda, tan bueno como el de los autores citados líneas atrás. Este director, a quien debemos La otra cara el crimen (The yards, 2000) y La noche es nuestra (We own the night, 2007), dos de los mejores policíacos de la pasada década, regresa a nuestras pantallas con Two lovers (id, 2008), estrenada en España con dos años de retraso. La película no solo confirma a Gray como un excelente narrador, sino que además presenta el triángulo amoroso más intenso e inquietante que recuerdo haber visto en el cine desde que Woody Allen presentara su extraordinaria Match point (id, 2005).

     Two lovers podría ser descrita simple y llanamente como una historia de amor. Sin embargo no estamos ante una de esas historias de amor que tanto abundan en el cine reciente y que se caracterizan por su impostura y su escaso realismo. Two lovers es una película sombría y triste, en consonancia con los fríos tonos servidos por el director de fotografía Joaquín Baca-Asay. No es una película que defina a sus personajes por clichés ni que se preocupe por contentar al espectador, es por el contrario una película que se toma su tiempo en presentar a los personajes, que deja que la historia surja de ellos y no al revés, que sabe expresar con imágenes aquello que los personajes callan y que trata al espectador con respeto e inteligencia. Cualidades que eran muy frecuentes de encontrar en el mejor cine norteamericano de no hace tantas décadas y que hoy solo reaparecen en contadas ocasiones como ésta.

     Leonard Kraditor (Joaquin Phoenix), el personaje bajo cuyo punto de vista está narrada Two Lovers, es probablemente una de las figuras más melancólicas y solitarias que recientemente hayan sido retratadas por el séptimo arte. En la primera secuencia intenta acabar con su vida lanzándose al agua de la bahía de Nueva York, y aunque en el último momento decide volverse atrás durante todo el relato pende sobre él una aureola de abatimiento y desesperanza. Él mismo contará con qué crueldad el destino le impidió ser feliz junto a su anterior prometida: poco antes de casarse descubrió una incompatibilidad genética con su pareja que prácticamente les imposibilitaba tener descendencia, lo que provocó el final de la relación. Vigilado de cerca por sus padres, siempre temerosos ante una nueva recaída de su único hijo, y abandonada momentáneamente su pasión por la fotografía, Leonard se comporta pasivamente como un alma en pena. La familia, vista como siempre en el cine de Gray como un entorno preocupado por la felicidad de unos integrantes a los que a un mismo tiempo oprime, prácticamente concerta el romance de su hijo con Sandra Cohen (Vinessa Shaw), una agradable joven que se presta a querer y a cuidar de Leonard (tal y como subraya el detalle de que trabaje en una empresa farmacéutica). El problema será que Leonard no se enamorará de ella, sino de su vecina Michelle Rausch (Gwyneth Paltrow), una muchacha tan inestable como él que coquetea peligrosamente con las drogas y que mantiene relaciones sentimentales de incierto futuro. A lo largo de la película Leonard basculará entre el sincero afecto proporcionado por Sandra, que podría suponer para él un futuro estable y placentero, y la pasión que siente por Michelle, que no parece augurarle más que complicaciones pero en la que reconoce sus problemas y sus frustraciones.

     La puesta en escena de James Gray apunta sutilmente el carácter opuesto de las dos relaciones que entabla Leonard. Los encuentros del protagonista con Sandra se producen casi siempre en su propio hogar y con el beneplácito de las familias de ambos: resulta significativo que su primer beso se produzca ante una pared repleta de retratos familiares de los Kraditor. Por el contrario durante la única visita de Michelle a la casa de Leonard la presencia de los padres de éste provoca un clima de notable incomodidad. Asimismo la presencia volátil y misteriosa que Michelle adopta a los ojos de Leonard queda manifiesta en sus encuentros en la azotea del edificio en el que viven (secuencias en las que Gray sitúa estratégicamente la cámara para que los muros separen a los dos personajes y sugieran su incomunicación) o en las conversaciones telefónicas que mantienen mientras se observan a través de sus ventanas, momentos que expresan excelentemente tanto la progresiva intimidad de su relación como la distancia física y también emocional que aún les separa.


     Two lovers es una magnífica película construida a partir de gestos, miradas y silencios. Recordemos el momento en el que Leonard está a punto de besar a Michelle mientras ella duerme, renunciando a hacerlo en el último momento; el instante en el que el joven fotografía a Michelle de forma casi espontánea, cuando secuencias antes él mismo ha explicado que nunca retrata personas sino paisajes urbanos desiertos; el impulso del protagonista de cerrar drásticamente las ventanas de su habitación, a través de las cuales suele observar a Michelle, tras decidir olvidarse momentáneamente de ella; o el gesto de Leonard al recoger del suelo los guantes que le regaló Sandra, instante en el que reconsidera sus sentimientos hacia la hermosa mujer.

     Gran parte del excelente resultado de Two lovers se debe al magnífico trabajo de sus tres protagonistas (dicho sea sin menospreciar la excelente labor de los actores secundarios, en especial Isabella Rossellini como la madre de Leonard). En su tercera colaboración con Gray, Joaquin Phoenix demuestra que es con este director con quien mejor trabaja: su interpretación huye de toda clase de manierismos y se decanta por la interiorización y la emoción contenida. Como ya hizo por ejemplo en La verdad oculta (Proof, John Madden, 2005), Gwyneth Paltrow demuestra tener un don especial para los personajes dramáticos, componiendo una Michelle desgarrada por el desamor. Y no menos brillante resulta la interpretación de Vinessa Shaw: la sensibilidad de su composición destaca en momentos tan conmovedores como aquél en el que Sandra acaricia las manos de Leonard descubriendo involuntariamente las marcas de un fallido intento de suicidio. Los tres contribuyen notablemente al magnífico resultado de una de las mejores películas que podremos ver este año.


2 comentarios:

Ramón dijo...

Un excelente análisis de una de las mejores cintas que nos ha llegado este año (con retraso, todo hay que decirlo).
Una historia de amor triste y melancólica con tres personajes princpales de carne y hueso.
Esperemos que Gray siga por tan buen camino.

Saludos !!

Pedro Grimalt Rosselló dijo...

Hola Ramón:

A mi también me parece que “Two lovers” es de lo mejor estrenado este año en España, sin duda junto con “El escritor” de Polanski. James Gray va camino de convertirse en uno de los mejores realizadores del momento, no me extrañaría que algún día firmase una obra maestra.

Aprovecho para felicitarte por tu reciente y exhaustivo repaso de la saga de “Star wars”. Saludos.

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