domingo, 20 de diciembre de 2009

DAVID LEAN. LA EMOCIÓN Y EL ESPECTÁCULO


   Debo reconocer que siento una absoluta admiración hacia el cine de Sir David Lean (1908-1991). Cineasta dotado de un estilo tan personal como fascinante, Lean no sólo se convirtió en uno de los mejores autores de la historia del cine británico, sino que también legó una obra no muy extensa (tan solo dieciséis largometrajes en más de cuatro décadas de carrera) pero que sigue apasionando años después de su muerte. De su filmografía destacan, en mi opinión, sus obras maestras Lawrence de Arabia (Lawrence of Arabia, 1962) y La hija de Ryan (Ryan’s daughter, 1970), sin olvidar otras películas tan excepcionales como Breve encuentro (Brief encounter, 1945), Cadenas rotas (Great expectations, 1946), Amigos apasionados (The passionate friends, 1949), Doctor Zhivago (ídem, 1965) o Pasaje a la India (A passage to India, 1984). Todas ellas excelentes ejemplos del estilo de su autor, en el que no se sabe qué admirar con mayor deleite: si la belleza plástica de la puesta en escena (no en vano se ha comparado el paisajismo de Lean con la pintura de Caspar David Friedrich o Joseph Mallord William Turner) o la honda descripción psicológica de sus personajes, a menudo seres que luchan contra las convenciones impuestas por la sociedad de su época. Lean supo construirse una isla creativa gracias a su talento con las imágenes en una obra en la que todos los elementos cinematográficos están trabajados con auténtica maestría.

   No abundan, al menos en España, los libros dedicados al estudio de David Lean. Afortunadamente nuestro mercado editorial puede jactarse de cubrir ese hueco con un libro verdaderamente espléndido: David Lean. La emoción y el espectáculo, publicado en el año 2000 por Dirigido en su colección Serie Mayor. Su autor es Tomás Fernández Valentí, en mi opinión el mejor crítico de cine de este país, un especialista dotado de gran sentido de la observación y gran capacidad de análisis. Como sabrán quienes conozcan sus escritos –sus críticas en las revistas Dirigido por e Imágenes de Actualidad, los comentarios en su blog personal (http://elcineseguntfv.blogspot.com/) o sus libros, entre los que destaca el magnífico Frankenstein. El mito de la vida artificial (Editorial Nuer, Madrid, 2000), escrito en colaboración con Antonio José Navarro-, Fernández Valentí se interesa más por el cómo lo cuentan que por lo que cuentan las películas; es decir, concede más valor e importancia a la puesta en escena de una película que a los contenidos de su guión (aunque tampoco descuida éstos). Así, estudia siempre con brillantez el sentido de los encuadres, los movimientos de cámara, la luz, la fotografía, el montaje, el sonido o la música en estrecha comunión con lo que el director quiere transmitir. Sin duda este método de análisis era el más indicado para acercarse a un cine tan vistoso como el de David Lean.

   A lo largo de las más de quinientas páginas que componen David Lean. La emoción y el espectáculo Tomás Fernández Valentí ofrece un recorrido exhaustivo por la obra del realizador, combinando los aspectos biográficos con el estudio de su cine. Tras un breve prólogo en el que reivindica la importancia histórica del cine británico, Fernández Valentí describe concisamente las constantes del cine de Lean, así como la famosa y repetida aparición de trenes en sus películas, que suelen simbolizar el destino que aguarda a los personajes. A partir de ahí el escritor observa la trayectoria profesional de Lean, empezando por su formación como montador para cineastas tan importantes como Michael Powell y Emeric Pressburger. Con Sangre, sudor y lágrimas (In wich we serve, 1942) llega el debut en la dirección de Lean y el inicio de su etapa en la productora Cineguild, creada en colaboración con Noël Coward, Ronald Neame y Anthony Havelock-Allan. Tras la disolución de esta compañía empieza una breve etapa para la productora London Films (propiedad del célebre productor Alexander Korda) que concluirá con el rodaje de El puente sobre el río Kwai (The bridge on the river Kwai, 1957), su primera coproducción con Estados Unidos. Esta película inicia la etapa más popular del realizador, la famosa etapa de superproducciones que se completa con Lawrence de Arabia, Doctor Zhivago, La hija de Ryan y Pasaje a la India, último trabajo de Lean y, en opinión de Fernández Valentí, su obra maestra. Por otra parte también se ofrece valiosa información sobre los proyectos frustrados de Lean, como su díptico acerca del famoso motín del navío Bounty o la adaptación de la conocida novela de Joseph Conrad Nostromo.

   Alejándose de lugares comunes, el autor de libro argumenta, y con toda la razón del mundo, que la obra de Lean guarda una gran coherencia y que, en el fondo, no existen tantas diferencias entre las famosas superproducciones del final de su trayectoria y los trabajos en apariencia más intimistas de sus inicios, como la magnífica Breve encuentro o dos películas que en su momento no se estrenaron en España: la estupenda Amigos Apasionados y la interesante Madeleine (ídem, 1950). De este modo Fernández Valentí se desmarca de los tópicos según los cuales se acostumbran a aplaudir las películas más modestas de Lean (modestas si acaso en cuanto a escala presupuestaria, pero nunca en cuanto a su calidad) en detrimento de las más espectaculares. Es por ello que resulta loable la defensa a ultranza que hace de La hija de Ryan y Pasaje a la India, las dos últimas películas del director y que Fernández Valentí considera los dos puntos culminantes de su estilo.

   Pero a pesar de todo lo más atractivo del libro no son los datos biográficos acerca de Lean (con algunas anécdotas verdaderamente jugosas y divertidas) o la valoración que Tomás Fernández Valentí hace de su obra, sino el brillante análisis que éste realiza de todas sus películas. El estilo de Lean, caracterizado por su sensualidad, por el uso dramático del paisaje y por la fastuosidad de sus imágenes, es diseccionado con mano firme y atenta mirada, ofreciendo un estudio meticuloso de su puesta en escena. Por poner un ejemplo, en el capítulo dedicado a Doctor Zhivago (quizás el más brillante del libro) Fernández Valentí no se limita a observar las diferencias existentes entre la película de Lean y el libro homónimo de Borís Pasternak, sino que además realiza observaciones tan interesantes como la que se refiere al diferente uso que Lean hace del color, del sonido y de la música para expresar los sentimientos de los diferentes personajes: así, el color amarillo y la música del recientemente fallecido Maurice Jarre describen la sensibilidad de Yuri Zhivago (Omar Shariff), mientras que los sonidos ambientales y el color rojo expresan la sensualidad de Lara (Julie Christie); de este modo los vínculos visuales y sonoros que relacionan a ambos personajes se van impregnando mutuamente según avanza su relación. Estas interpretaciones de los elementos cinematográficos podrían parecer algo rebuscadas para algunos, pero lo cierto es que el autor del libro las argumenta de forma brillante y relacionándolas siempre con el sustrato dramático de las películas.

   Todo ello, unido al interés que por sí misma tiene la obra del famoso director británico, hace de David Lean. La emoción y el espectáculo un libro absolutamente delicioso, un volumen imprescindible en las estanterías de todo buen amante del cine.


2 comentarios:

Tomás Fernández Valentí dijo...

Buenas noches, Pedro:

¿Y qué puedo decir, aparte de muchas gracias por tu amabilidad y por tan elogioso comentario de mi libro?

Bueno: puedo añadir algo más; mucha suerte con el blog, deseo de todo corazón que te dé tantas satisfacciones como a mí me está dando el mío, te recomiendo que no entres en el juego de quienes entren en el tuyo únicamente para llevar a cabo provocaciones pueriles, y que ya he añadido el enlace a tu blog en la lista de links del mío.

Un saludo cordial.

Pedro Grimalt Rosselló dijo...

Buenas noches, Tomás:

Muchas gracias por tus consejos, los tendré muy en cuenta. Te agradezco mucho que hayas añadido el enlace a este blog en tu lista de links. Pero gracias, sobretodo, por tu amabilidad, por tu humildad y por tu talento. Es para mí todo un honor, y lo digo con toda sinceridad, que un hombre al que tanto admiro tenga la paciencia de leer mis comentarios y de contestar a mis sugerencias. Espero que lo que aquí escriba te parezca interesante, ya verás que mis opiniones no suelen ser muy diferentes de las tuyas.

Os deseo a ti y a todos los tuyos una feliz Navidad y un próspero 2010.

Pedro Grimalt Rosselló

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