Es difícil encontrar a un amante del cine clásico que no sienta absoluta devoción por el cine negro, por más que aún hoy se discuta sobre si el film noir es un género, un movimiento o un estilo. Y es que a la hora de la verdad lo que importa no es el concepto que cada uno pueda tener de lo que es el cine negro, sino el número elevado de extraordinarias películas que éste legó durante los años 40 y 50: El último refugio (High Sierra, Raoul Walsh, 1941), Perdición (Double indemnity, Billy Wilder, 1944), Laura (id, Otto Preminger, 1944), La mujer del cuadro (The woman in the window, Fritz Lang, 1944), El sueño eterno (The big sleep, Howard Hawks, 1946), Forajidos (The killers, Robert Siodmak, 1946), Al rojo vivo (White heat, Raoul Walsh, 1949), La jungla de asfalto (The asphalt jungle, John Huston, 1950), Noche en la ciudad (Night and the city, Jules Dassin, 1950), Los sobornados (The big heat, Fritz Lang, 1953), Sed de mal (Touch of evil, Orson Welles, 1958)... Películas muchas de ellas protagonizadas por iconos del género como Humphrey Bogart, Edward G. Robinson, James Cagney, Barbara Stanwyck, Lauren Bacall o Gene Tierney, quienes dieron vida a esos detectives privados atrapados en junglas humanas y a esas pérfidas femme fatales que casi siempre se salían con la suya. Pero más allá de estos clásicos existía otro cine negro, el de la serie B, con películas financiadas con presupuestos más que modestos y con planes de rodaje tan limitados que en ocasiones se reducían a una o dos semanas. Sin embargo, y pese a tan precarias situaciones, de la serie B surgieron muchas películas de un talento e ingenio que nada tenían que envidiar al de las producciones de serie A. Ahí están joyas como Detour (id, Edgar G. Ulmer, 1945), Retorno al pasado (Out of the past, Jacques Tourneur, 1947), El demonio de las armas (Gun crazy, Joseph H. Lewis, 1949), Con las horas contadas (D.O.A., Rudolph Maté, 1949), The narrow margin (id, Richard Fleischer, 1951), Agente especial (The big combo, Joseph H. Lewis, 1955) o El beso mortal (Kiss me deadly, Robert Aldrich, 1955) para demostrarlo. Sobre este tipo de cine trata el libro Gun crazy. Serie negra se escribe con B, publicado en 2005 por T&B Editores con motivo de un ciclo de cine negro proyectado en el Festival Internacional de Cine de las Palmas.
El libro, editado por Jesús Palacios y Antonio Weinrichter, se compone de artículos escritos por diferentes expertos en cine y literatura negros. Los textos tratan sobre las principales características del cine negro de Serie B, si bien es cierto que algunos de los artículos se refieren a todo el género negro en general.

La segunda parte se titula Algunos ingredientes y ya se centra más específicamente en la serie B. De los diferentes escritos destaca Retorno al pasado. El pasado como estigma de José Antonio Hurtado, un excepcional análisis de la magistral película de Jacques Tourneur. El resto de artículos, no menos interesantes, son: B noir. Algunas notas sobre el cine negro de serie B, en el que el excelente Quim Casas describe las características de esta añorada cantera de cine barato; Fugitivos en la noche. Parejas fugitivas en el film noir, en donde Francisco Ponce realiza un necesario recorrido sobre el cine de amantes evadidos de la ley; La ciudad es suya, una más que interesante reflexión de Jorge Gostoriza sobre el papel de la ciudad como protagonista activo; y Rapsodia en noir. La música del cine negro americano, en donde el experto en música de cine Roberto Cueto -de quien recomiendo su imprescindible volumen Cien Bandas sonoras en la Historia del Cine (Editorial Nuer, Madrid, 1996)- analiza de forma exhaustiva la aportación de músicos tan importantes como Franz Waxman, David Raksin o Miklós Rózsa, entre otros.


Como puede comprobarse por los títulos de los diferentes artículos y por el nombres de quienes los firman, Gun crazy. Serie negra se escribe con B es un libro absolutamente apasionante, que enseña a disfrutar del cine negro desde un punto de vista abierto y desprejuiciado. Hay que destacar la bella edición del libro, con excelente material gráfico consistente en reproducciones de fotogramas, carteles de cine o, lo que es mejor, portadas de revistas pulp, algunas de ellas verdaderamente geniales. En definitiva un libro más que recomendable para todo tipo de cinéfilos, que se lee con el mismo entusiasmo con el que ha sido escrito.
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