Existe un fenómeno del cine contemporáneo que despierta poderosamente mi curiosidad: el de los jóvenes realizadores que se ven desprestigiados con la misma rapidez con la que se vieron consagrados gracias a sus primeros trabajos. Rob Marshall es el ejemplo perfecto. Cuando estrenó su primera película, la excelente Chicago (id, 2002), la reacción general tanto por parte del público como de la crítica fue de entusiasmo. Siete años después estrena Nine (id, 2009), su nueva incursión en el género musical, y la sensación general es de una notable frialdad y rechazo. Y no deja de ser una lástima porque, al menos en mi opinión, Nine es una magnífica película y, probablemente, el mejor musical de los últimos años.





Pero lo que más me interesa de Nine es lo que tiene de consolidación del estilo de Marshall a la hora de construir un musical cinematográfico. Del mismo modo que sucedía en Chicago, en Nine los números musicales tienen la virtud de hacer progresar la acción enriqueciendo el retrato de los personajes. Si en la película protagonizada por Catherine Zeta-Jones las canciones nos revelaban los auténticos pensamientos de unos personajes que siempre mentían aquí sucede algo parecido. Marshall ya establece el tono del relato cuando, en la secuencia inicial, vemos a Guido a solas en un plató de los estudios Cinecittà, atemorizado ante el inicio del rodaje de una película para la que no siente inspirado; lentamente empiezan a surgir de la oscuridad las musas de Guido, es decir, todas las mujeres que han significado algo en su vida: su esposa Luisa (una excelente Marion Cotillard), su amante Carla (Penélope Cruz), su fallecida madre (Sophia Loren), su diseñadora de vestuario y confidente Lilli (Judi Dench), la periodista Stephanie (Kate Hudson) y Saraghina (Stacy Ferguson), la mujer que durante su infancia le inició en los placeres carnales. La visión de todas estas mujeres es imaginaria, por lo que la secuencia tiene algo de inmersión en el mundo personal del artista. Durante el resto de la película las canciones existirán solo en la mente de los personajes. Por ejemplo, en la secuencia de presentación de Carla vemos cómo Guido la llama por teléfono; Marshall, en lugar de montar la secuencia alternando imágenes de ambos interlocutores, renuncia a enseñar a la auténtica Carla al otro lado de la línea, mostrando a cambio una visualización del deseo que la mujer despierta en Guido, con Carla cantando la sugerente canción “A call from the Vatican”. Más adelante, y en una de las mejores secuencias de Nine, Luisa comparte mesa con Guido y su equipo de rodaje; durante el transcurso de la cena, la esposa del protagonista se evade mentalmente e, imaginariamente, entona la canción “My husband makes movies”, transmitiendo toda su frustración ante las infidelidades de su marido. En otros momentos Marshall combina el blanco y negro y el color para narrar pequeños flashbacks de la infancia de Guido enriquecidos también con sus propias canciones, como sucede en el que probablemente es ya el número más famoso de la película: “Be italian”, que muestra el encuentro en la playa de unos niños con Saraghina, momento que Marshall monta en paralelo con una elaborada coreografía que, en un espacio mental de Guido, ilustra las enseñanzas de la extraña mujer.


Todas estas virtudes me parecen más que suficientes para considerar a Rob Marshall como el más interesante renovador del género musical en los últimos años y para reivindicar a Nine como un brillante e inteligente espectáculo de los que ya no abundan en el séptimo arte.
8 comentarios:
Excelente crítica! Gonzalo (gonrobatto@hotmail.com)
Muchas gracias, Gonzalo. Vuelve por aquí cuando quieras.
Esta pelicula me llevo, a otro lapso del tiempo...y es tan significativa que me estimula la sangre...
La primera vez que la ví, me pareció sosa y efectista...pero algo quedó dentro que me obligó a verla de nuevo y... ¡sorpresa! me encantó. Sobre todo el número musical de Kate Hudson... una buenísima recreación de las chicas a go-go de la época de los años 60`s y 70's. Una reminicencia de los ballets de la Radio y Televisión Italiana de aquellos años donde las bailarinas no tenían que salir desnudas para causar impacto. EL VESTUARIO de Kate Hudson me despertó la nostalgia de aquellos trajes al estilo de Barbarella con Jane Fonda... me terminó pareciendo emotiva y encantadora. Muy recomendable.
Buenos días, Carmelina. Celebro que esta película también te guste a ti. Tienes razón, el número interpretado por Kate Hudson (“Cinema italiano”) es una recreación de ese estilo que describes tan propio del cine, la televisión y la moda de los 60. También es de los números que más me gustaron de la película, junto con “Be italian” y “My husband makes movies”, éste último espléndidamente interpretado por Marion Cotillard. Un saludo.
Nine es uno de los pocos musicales que me han encantado, por lo regular no se queda ninguna canción en mi cabeza pero con esta película, una semana después y aún recuerdo las coreografías, además la angustia y evasión de Guido es muy creíble.
soy escritor y esta pelicula me sirvio de inspiracion para varios de mis poemas
Magnífica crítica, Pedro Grimalt. Tus referencias a La obra de Fellini a los musicales en el cine.... la crónica de la historia.... Gracias, pues disfruté mejor el filme con tus coordinadas.
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