jueves, 8 de abril de 2010

EL ESCRITOR (THE GHOST WRITER): Una lección de cine de la mano de Roman Polanski



     En su añorado programa de televisión ¡Qué grande es el cine! (1995-2005) José Luis Garci argumentaba que todas las grandes películas pertenecen a un mismo género: el de cuando no puedes apartar los ojos de la pantalla. Si aceptamos que tal género existe, El escritor (The ghost writer, 2010), la nueva y esperemos que no última película de Roman Polanski, se inscribe en él con todos los honores. A sus setenta y siete años el director de La semilla del diablo (Rosemary’s baby, 1968) sigue demostrando un sentido magistral de la narración, un dominio tan absoluto de los resortes del relato de suspense que consigue que nada sobre ni falte en esta película: cada secuencia nos dice algo importante, cada detalle contribuye a que la tensión progrese in crescendo hasta desembocar en una conclusión tan perfecta como sobrecogedora.

     El título original de la película, The ghost writer, se refiere a lo que en España se conoce como un negro, es decir, la figura de un escritor en la sombra que redacta lo que otro publica en su lugar. Ese es el cargo que acepta el personaje interpretado por Ewan McGregor, cuyo nombre jamás es pronunciado en la película, al aceptar el encargo de escribir la supuesta autobiografía del ex primer ministro británico Adam Lang (Pierce Brosnan). Sin embargo ese título también puede ser entendido en su sentido literal, refiriéndose a ese escritor fantasma que precedió al protagonista en su tarea hasta fallecer en extrañas circunstancias y cuya sombra planea sobre toda la trama. De un modo muy polanskiano el protagonista empieza a obsesionarse con el desaparecido negro, planteándose serias dudas sobre las circunstancias que rodearon a su muerte. Ese progresivo estado paranoico va parejo al paulatino desenmascaramiento de Lang como un político sin escrúpulos capaz de cometer crímenes de guerra en pos de la presunta seguridad nacional.

     Casi no hace falta decir que el personaje de Lang está clarísimamente inspirado en el ex primer ministro Tony Blair, lo que en principio serviría para encuadrar a El escritor dentro de la prolífica corriente actual del thriller político. Sin embargo lo que hace grande a El escritor es el talento de Polanski para apropiarse de tan interesante material para dejar su firma en cada secuencia de la película. El resultado final es tan personal que puede ser visto como un completo catálogo de las obsesiones del director: están el fatalismo, la atmósfera opresiva de los escenarios, el carácter ambiguo de los personajes e incluso la estructura circular del relato, tan querida por el autor de Chinatown (id, 1974). Pero está sobretodo la ironía con la que el director observa un mundo sórdido, inquietante y peligroso dominado por la mentira. De un modo casi shakesperiano todos los personajes de El escritor ocultan secretos y no dudan en traicionar a sus seres queridos: Adam Lang y su esposa Ruth (Olivia Williams) se engañan mutuamente; asimismo la secretaria del político, Amelia (Kim Cattrall), engaña a su propio marido acostándose con su jefe; uno de los miembros del gabinete de Lang, Robert Rycart (Robert Pugh), no duda en denunciar públicamente las irregularidades de su superior; los ejecutivos de la editorial que pretende publicar el libro de memorias de Lang ve en cada escándalo protagonizado por el político una oportunidad de aumentar las ventas... Incluso el escritor sin nombre no deja de traicionarse a sí mismo, poniendo su talento literario al servicio de siniestros y corruptos políticos.

     Dos elementos muy propios del cine de Polanski brillan con intensidad en El escritor: el tratamiento opresivo de los espacios y la subjetividad del punto de vista. En lo referente a lo primero Polanski, con la inestimable ayuda del director de fotografía Pawel Edelman, hace gala de su famosa habilidad para los interiores claustrofóbicos situando a su protagonista en solitarias habitaciones de hotel y tristes restaurantes a altas horas de la madrugada; pero sin duda el espacio que merece una mención especial es la mansión de Adam Lang, de una arquitectura interna tan moderna como fría y estéril. El tratamiento de los exteriores también contribuye a la densa atmósfera de misterio de la película: playas deshabitadas y bosques frondosos, filmados siempre de noche o bajo amenaza de tormenta, sirven para exteriorizar la soledad y el desasosiego que persiguen al escritor.

     En lo que respecta al punto de vista, y al igual que sucede en gran parte de la filmografía del director de El pianista (The pianist, 2002), El escritor está vista exclusivamente desde el punto de vista del protagonista, quien está presente en todas las escenas de la película a excepción de la del prólogo. Este aspecto es más importante de lo que puede parecer, puesto que la percepción que el protagonista tiene de su entorno determina la tensión de la puesta en escena. A ello contribuye la ambigüedad de algunos de los personajes que encuentra a lo largo de su pesadilla: el hombre misterioso que le hace preguntas impertinentes en el hotel o el fornido guardaespaldas de Rycart que registra sus pertenencias cobran un inquietante matiz a los ojos del escritor, quien en su progresiva desesperación no puede fiarse de nada ni de nadie. La subjetividad del relato alcanza cotas verdaderamente notables en la excelente secuencia en la que el escritor, primero en coche y después a bordo de un ferry, huye del acoso de dos misteriosos personajes: Polanski hace gala de su sabiduría fílmica al no acercar su cámara a los rostros de los perseguidores, siendo éstos vistos siempre desde el punto de vista del protagonista.

     El escritor es una magnífica película que acumula un buen número de secuencias antológicas: la primera escena, que con una extraordinaria economía narrativa describe la desaparición del primer negro de Lang; el atraco sufrido en plena calle por el protagonista minutos después de haber aceptado hacerse cargo del manuscrito; el encuentro con un anciano (Eli Wallach) que dice saber más cosas acerca de la muerte del anterior escritor; la larga secuencia en la que el protagonista reconstruye las últimas acciones que su predecesor llevó a cabo antes de morir; o el extraordinario plano final, con toda probabilidad el mejor cierre que una película haya tenido en mucho tiempo. Las excelentes interpretaciones de todo el reparto, desde un sensacional Ewan McGregor hasta unos brillantes Pierce Brosnan, Olivia Williams y Tom Wilkinson, así como la soberbia banda sonora de Alexandre Desplat, contribuyen al resultado final de una película que demuestra por qué Roman Polanski tiene un lugar asegurado en la Historia del Cine.


3 comentarios:

Roxana G. dijo...

He leído un sin numero de criticas, y te digo Pedro que me dejaste helada –pero de la impresión- por tu detallada profundización. Para empezar te digo que conozco el trabajo de Roman como el de Ewan, así como Newton sabia de gravedad. Todas las descripciones que diste son más que acertadas y elocuentes. Sinceramente uno de los mejores trabajos de Polanski, aunque con un poco de influencia Hitchcockiana, a pesar que el tema de la película –para empezar-, es político, la estructurada historia permite no solo verla como compleja y completa, sino como un claro ejemplo del cine unificado; es decir, que después de verla, jamás podrás encasillarla en un solo genero; a lo mucho como “Pelicula Polanskiana” pues el sello personal del director se ve y se siente en cada toma. Es realmente genial que una película capture así, tu atención, poniéndole el más mínimo cuidado y análisis a cada detalle. Y como bien dices al final, Ewan McGregor está esplendido en su papel de “The Ghost”; en realidad es el tipo de papeles que él busca realizar, y si ha tenido encuentros con estos tipos de personajes; sin embargo en las anteriores no contaba con un maestro de la intriga como lo es este veterano director.
Es una de mis películas favoritas del momento –inclusive desde antes de verla–, únicamente espero tenerla pronto en DVD, para gozarla en la comodidad de mi casa. Le doy 4 estrellas de 5.

Pedro Grimalt Rosselló dijo...

Hola Roxana:

Muchísimas gracias por tu amabilidad, comentarios como el tuyo siempre me animan a seguir escribiendo. Estoy de acuerdo en que esta película muestra influencias de Hitchcock (sin lugar a dudas mi cineasta favorito) pero al igual que tú pienso que Polanski consigue llevar el material a su propio terreno; sin ir más lejos el final me recuerda en cierto modo al de “El quimérico inquilino (Le locataire)” (y no doy más detalles por si alguien lee este comentario y no ha visto ambas películas). También comparto tu admiración por Ewan McGregor, uno de los mejores actores de su generación aunque no suele ser considerado como tal; además de su interpretación en “El escritor” me gusta especialmente la de “Big fish”.

Saludos.

Roxana G. dijo...

Hola Pedro:

Primero que nada quisiera expresar que estas son el tipo de criticas que me encantan leer detenidamente, con mi taza de café o tè y con papel y lapicero en mano para escribir detalles o cosas que realmente no se y que impulsa a investigar y querer saber más.

En relación a Ewan es verdad es un gran actor, muy diverso; dejando a un lado su fama por Moulin Rougue! o Star Wars (que en realidad son películas de ensueño para mi), su grupo de películas de corte independiente son muy buenas, me fascina el tipo de personajes que elige, porque de entrada son "algo complicados" tienen esa característica de "siempre estar buscando algo que les falta" hasta el punto de meterse en problemas para conseguirlo. Y sin aburrirte más, El Escritor es una gran película, pero te aseguro -y espero equivocarme-, que en los Oscars del año entrante, ni le harán mención, tal y como decepcionantemente pasó en 2007 con Match Point de Woody Allen, no le dieron reconocimiento. Mi consuelo a estas injusticias son siempre los festivales europeos, ahí se ve que incluyen arte cinematográfico de todo el globo.

En fin Ramón y tu tienen razón El Escritor al igual que El Origen son algo de lo mejor de este año.

Publicar un comentario en la entrada