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viernes, 9 de marzo de 2012

Las mejores películas de 2011



     En esta ocasión he preferido publicar la lista de mis películas favoritas del año algo más tarde de lo habitual, una vez he podido recuperar algunos títulos que aún no había tenido tiempo de ver. Como siempre me he centrado en películas estrenadas en España desde enero hasta diciembre del año pasado. En mi opinión 2011 no fue un gran año de cine, pero lo cierto es que poco a poco fueron apareciendo notables películas, algunas de ellas imprescindibles. Lo que sigue es una selección de diez títulos, algunos de ellos muy diferentes entre sí pero en mi opinión igualmente recomendables.

1. El árbol de la vida
de Terrence Malick


     Por la belleza de sus imágenes, por la libertad creativa que transmite cada uno de sus fotogramas, por la emoción con la que retrata la existencia humana, por todos aquellos espectadores que la han vivido como una experiencia única e incluso por todos aquellos que ni siquiera han podido aguantar su visionado. Por todos estos motivos y por muchos más El árbol de la vida (The tree of life, Terrence Malick, 2011) merece ser considerada la película del año.

2. Más allá de la vida
de Clint Eastwood


     Sin duda la gran película a reivindicar de la temporada, Más allá da la vida (Hereafter, 2010) es también uno de los títulos más infravalorados de Clint Eastwood. El que sin duda es el mejor cineasta de nuestros días demuestra de nuevo su sensibilidad a la hora de retratar a unos personajes cuya obsesión con la muerte les impide disfrutar de la vida. Algunas secuencias (el tsunami que arrasa Tailandia, le evolución de la historia de amor entre Matt Damon y Bryce Dallas Howard) están a la altura de lo mejor de su director.

3. Drive
de Nicolas Winding Refn


     Lo primero que sorprende de Drive (id, 2011) es que su director, el danés Nicolas Winding Refn, ni siquiera sabe conducir. Pero su película es mucho más que una historia de persecuciones y conductores solitarios; es, ante todo, el ejercicio de estilo más cool de la temporada, un relato negro dotado de una puesta en escena tan fascinante como la chaqueta que siempre lleva el misterioso personaje encarnado por un espléndido Ryan Gosling.

4. The artist
de Michel Hazanavicius


     The artist (id, Michel Hazanavicius, 2011) es una de esas joyas que solo aparecen de vez en cuando, una película surgida prácticamente de la nada que se ha ganado el corazón de todo tipo de espectadores rindiendo tributo a un cine, el mudo, que aún espera ser descubierto por toda una generación. Hacía años que una película tan buena no ganaba el Oscar.

5. El topo
de Tomas Alfredson


     El topo (Tinker Tailor Soldier Spy, Tomas Alfredson, 2011) nos devuelve el mejor cine de espías con una compleja historia de engaño, traición y soledad. El escritor John le Carré debe de sentirse orgulloso por cómo un extraordinario grupo de actores ha dotado de vida a los personajes surgidos de su pluma. Crucemos los dedos y esperemos encontrarnos de nuevo con el George Smiley al que interpreta un magistral Gary Oldman.

6. Cisne negro
de Darren Aronofsky


     Cisne negro (Black swan, Darren Aronofsky, 2010) será recordada durante mucho tiempo por la impresionante interpretación de una Natalie Portman en estado de gracia, pero es que además se trata de una película barroca, densa y asfixiante en la que cohabitan referentes tan diversos como Alfred Hitchcock, Roman Polanski o Satoshi Kon. Tchaikovsky se sorprendería de ver una representación de El lago de los cisnes tan inquietante como ésta.

7. Mother
de Bong Joon-Ho


     Es realmente triste que una película de la calidad de Mother (Madeo, Bong Joon-Ho, 2009) no haya sido estrenada en los cines de España, siendo explotada directamente en dvd y además con bastante retraso. Esta joya del cine policíaco, que en muchos aspectos prosigue el camino trazado por su director en la no menos recomendable Memories of murder (Salinui chueok, Bong Joon-Ho, 2003), analiza hasta donde puede llegar una madre (genialmente interpretada por Kim Hye-Ja) con tal de demostrar la inocencia de su hijo en un espeluznante caso de asesinato. Una película dura, intensa, apasionante.

8. Melancolía
de Lars von Trier


     Melancolía (Melancholia, Lars von Trier, 2011) es una película capaz de hablarnos del fin del mundo haciendo gala de una estética que deja sin habla por su belleza, brindándonos además un inolvidable prólogo acompañado de música wagneriana. Por esta película Kirsten Dunst rivaliza seriamente con Natalie Portman por el podio a la mejor interpretación del año.

9. Valor de ley
de Joel y Ethan Coen


     Considero que en muchos aspectos Valor de ley (True grit, Joel y Ethan Coen, 2010) es inferior a la película del mismo título dirigida por Henry Hathaway en 1969. A pesar de ello su clasicismo formal, la hermosa fotografía de Roger Deakins, la excelente banda sonora de Carter Burwell y las estupendas interpretaciones de Jeff Bridges y Hailee Steinfeld hacen de este film uno de los mejores westerns de la última década.

10. X-Men: Primera generación
de Matthew Vaughn


     X-Men: Primera generación (X-Men: First class, Matthew Vaughn, 2011) es un gozoso divertimento fruto una coctelera en la que se mezclan ingredientes tan diversos como los superhéroes del cómic, la estética de los años 60, la guerra fría y la crisis de los misiles cubanos. Michael Fassbender, actor que ha llegado para quedarse, está sencillamente sensacional.

viernes, 13 de enero de 2012

La soledad del conductor: DRIVE



     No existe un solo momento a lo largo de Drive (id, Nicolas Winding Refn, 2011) en el que se pronuncie el nombre del personaje admirablemente interpretado por Ryan Gosling. Se trata, sencillamente, del conductor. De hecho es muy poco lo que sabemos de él pero, sin embargo, difícilmente podría resultar más fascinante. Siempre ataviado con una fabulosa chaqueta decorada con un escorpión dorado, el conductor es un individuo parco en palabras, solitario como el que más, que tan solo parece sentirse vivo cuando tiene las manos al volante. Poco importa que sea trabajando como mecánico en un taller, llevando a cabo las peligrosas escenas de riesgo de una película o ayudando a unos ladrones a escapar de la policía: lo único que parece dar sentido a su vida es dominar el coche como si fuera una extensión de su propio cuerpo. Al igual que el héroe del western clásico, el conductor adora la velocidad y el movimiento y se resiste a permanecer quieto, de ahí que jamás hable de su pasado ni de sus expectativas de futuro.

     Y es que el protagonista de Drive guarda muchas cosas en común con los héroes del western, como la lealtad, el honor o el apego a un férreo código moral que le permite conservar su humanidad en una densa jungla de asfalto nocturna y asfixiante. No obstante sus silencios, su soledad y su profesionalidad le relacionan íntimamente con dos personajes tan inolvidables como el asesino a sueldo de El silencio de un hombre (Le samouraï, Jean-Pierre Melville, 1967) y el anónimo conductor de Driver (The driver, Walter Hill, 1978). Tan astutos como desamparados, tan románticos como violentos, los tres antihéroes interpretados respectivamente por Alain Delon, Ryan O’Neal y Ryan Gosling viven al margen de la ley sin mayor ambición que la de ser los mejores en su trabajo, al menos hasta que sus rutinas diarias, tan escrupulosamente ordenadas como carentes de calor humano, sufren un traspiés con la llegada de una mujer. En el caso de Drive esa mujer es Irene (Carey Mulligan), la tierna y dulce muchacha que vive con su hijo Benicio (Kaden Leos) en el mismo bloque de apartamentos que el conductor. Entre los dos rápidamente surgirá un amor platónico y trágico, imposible de consumar: tal y como se aprecia en la ya famosa secuencia del ascensor, en la que el conductor besa apasionadamente a su amada segundos antes de acabar brutalmente con la vida de un peligroso matón, proteger a Irene y apartarla de su mundo de crimen y corrupción supondrá para el protagonista mostrarle su cara más violenta y agresiva; significativamente la secuencia termina con la puerta del ascensor cerrándose entre los dos enamorados, separándoles irremediablemente en dos mundos opuestos.

     Si la trama de Drive, con sus gángsters de poca monta y sus atracos que nunca salen como estaban previstos, sigue la tradición del mejor cine negro, el director Nicolas Winding Refn se esfuerza en darle a la película una pátina visual y sonora que la asemeje al cine policíaco de los 80. De ahí esas tomas nocturnas de Los Ángeles con sus inconfundibles luces de neón; de ahí esas canciones de sabor ochentero armónicamente complementadas por la música incidental de Cliff Martinez; de ahí, incluso, la curiosa grafía de los títulos de crédito, tan apropiada como deliberadamente hortera. Pero, más allá de que se sintonice o no con esa estética de los 80, no cabe la menor duda de que desde un punto de vista visual Drive es una película elegante y estilizada hasta el extremo, con un magnífico uso de la pantalla panorámica y una espléndida y colorista fotografía de Newton Thomas Sigel.

     Nicolas Winding Refn es uno de esos cineastas que confían plenamente en el poder de las imágenes para narrar sus historias y describir los sentimientos y las emociones de sus personajes. En Drive los diálogos son escasos, por lo que el cineasta dota de una gran importancia a los gestos, las miradas y las actitudes de sus excelentes actores para dotar de vida a los personajes. Existen brillantes ejemplos a lo largo de toda la película: la contemplativa mirada con la que el protagonista observa la ciudad de Los Ángeles desde su ventana en repetidas ocasiones; el modo en que detiene brevemente su coche cuando Irene le comunica que su marido está a punto de salir de la cárcel; la indiferencia con la que unas bailarinas de striptease asisten a la brutal paliza que el dueño del local en el que trabajan recibe de manos del conductor; el sudor y los repentinos temblores que se apoderan del habitualmente inmutable conductor cuando descubre la identidad del agresivo gángster al que se enfrenta… Igual de significativo resulta el diferente modus operandi ejercido por el protagonista en los diferentes delitos en los que participa: en los primeros atracos en los que se ve envuelto vemos cómo el conductor se limita a esperar en el coche mientras los ladrones llevan a cabo el hurto; por el contrario, cuando cerca del desenlace se decida a eliminar a un mafioso que está poniendo en peligro a Irene y a su hijo, el conductor, oculto tras una inexpresiva máscara, sí saldrá del coche para observar a su presa y planificar su asesinato, demostrando que en esta ocasión se trata de un asunto personal.

     No menos ejemplar resulta la puesta en escena de las secuencias de acción. Sin ir más lejos la excelente secuencia inicial, anterior a los títulos de crédito de la película, describe a la perfección la profesionalidad del conductor mientras ayuda a unos ladrones a escapar de un atraco, eludiendo inteligentemente la vigilancia policial gracias a su gran conocimiento de la ciudad angelina: la precisa planificación de la secuencia, con la cámara casi siempre en el interior del coche del conductor, transmite elocuentemente su astucia al volante y la frialdad con la que acomete los trabajos que se le encomiendan. Muy diferente es la posterior persecución que se produce tras un atraco que ha finalizado de manera trágica: en esta secuencia, mucho más rápida y adrenalítica que la anterior, abundan los movimientos de cámara y las planos que recogen las frenéticas maniobras de los coches desde el exterior, describiendo el nerviosismo del conductor ante una situación que se le escapa de las manos.

     Mucho se ha hablado de las abundantes dosis de violencia de esta película, cuya explicitud va incrementándose a lo largo de su ajustado metraje. Sin embargo incluso los momentos más sangrientos están perfectamente planificados por Nicolas Winding Refn con el fin de conferirles un sentido dentro de la narración. Así sucede por ejemplo cuando el gángster Bernie Rose (Albert Brooks) se ve obligado a eliminar a un viejo colega con el fin de mantener intacta su reputación: la manera en la que Bernie comete el asesinato, dándole un apretón de manos a su amigo mientras con la otra mano le corta las venas, transmite tanto la traición a su amistad que supone tal acto (el apretón de manos convertido en una mortal distracción) como los remordimientos que siente Bernie ante el crimen que está cometiendo (el apretón de manos como muestra de lo que queda de una vieja amistad y como piadoso método de dar muerte del modo menos doloroso posible). Momentos como éste confirman el talento de Nicolas Winding Refn y convierten a Drive en uno de los mejores y más personales thrillers de los últimos años.